Ni de izquierda ni de derecha

Circula profusamente la tesis ya antigua de que Chile sería un país de izquierda y que el resultado electoral reciente, bajo nuevas reglas, lo habría confirmado, especialmente tomando en consideración el significativo avance del Frente Amplio.

“El país no es mayoritariamente de derecha ni de izquierda, sino de centro.”

Si bien esta tesis resulta convincente a primera vista, contradice todo lo que sabemos sobre la realidad política y sociológica del Chile actual.

Nuestro pueblo no es mayoritariamente de derecha ni de izquierda, sino de centro o indiferente a la cuestión política. Se trata de una gran mayoría desideologizada, ecléctica y pragmática, que quiere un poco de allá y un poco de acá, un mix de tradición y modernidad, Estado y mercado, continuidad y cambio.

Entender esto es clave para no confundir la pulverización del centro político con su desaparición como fenómeno sociológico. En especial en un escenario político-mediático capturado por élites y opinólogos muy poco representativos o sensibles ante este sentir difuso, aterrizado y muchas veces contradictorio tan marcadamente predominante en nuestras nuevas clases medias. .

Simultáneamente, existe una bajísima identificación y aún menor confianza en los partidos políticos. Se buscan por ello “caras nuevas”, gente lo más lejana posible de la política como profesión y de la clase política como corporación profundamente desprestigiada.

Estas consideraciones son muy importantes para interpretar el gran caudal electoral del Frente Amplio y, en general, la abrupta caída de las opciones ligadas a los partidos tradicionales. No se trata de una opción ideológica, sino de un rechazo hacia algo (la clase política, los abusos, los privilegios, etc.) y un deseo impreciso de que las cosas sean distintas. También hay un deseo genérico de que seamos más solidarios, amables e inclusivos, sentimiento que no es de izquierda ni de derecha, sino profundamente humano. Otra cosa es cómo todo aquello se canaliza.

“Nuestro pueblo no es mayoritariamente de derecha ni de izquierda, sino de centro o indiferente a la cuestión política. Se trata de una gran mayoría desideologizada, ecléctica y pragmática, que quiere un poco de allá y un poco de acá, un mix de tradición y modernidad, Estado y mercado, continuidad y cambio.”

En este sentido se debe reconocer la gran capacidad del Frente Amplio y, en particular, de Beatriz Sánchez, de canalizar muchos de estos sentimientos y transformarlos, gracias a las nuevas reglas electorales, en una significativa bancada parlamentaria. Pero considerar esto una izquierdización del país no resiste un análisis serio.

Tomemos Puente Alto como ejemplo, comuna que representa, por su importancia, el mayor triunfo electoral de Sánchez (31,4%) superando de manera clara tanto a Piñera como a Guillier. Lo interesante es que en esta misma comuna el candidato de Chile Vamos, Germán Codina, obtuvo más del 80% de los sufragios en las elecciones municipales de 2016.

¿Significa esto que los puentealtinos dieron un espectacular vuelco de la derecha a la izquierda? Nadie podría seriamente postular algo tan antojadizo.

Lo evidente es que las sensibilidades en parte captadas por Sánchez fueron las mismas que masivamente captó el sucesor de Manuel José Ossandón, pero dándoles un signo político completamente distinto.

De ello se deduce el gran dilema político de la segunda vuelta. Si la atención de los candidatos se vuelca prioritariamente hacia lograr acuerdos políticos cupulares o satisfacer egos políticos olvidándose del gran centro sociológico chileno, caerán en una trampa letal.

Por cierto que para Alejandro Guillier es clave atraer a Beatriz Sánchez y lo mismo vale para Sebastián Piñera en el caso de Manuel José Ossandón, pero lo que sobre todo deben entender es la capacidad de estos políticos de captar y canalizar las sensibilidades difusas y desideologizadas de la gran mayoría de los chilenos.

El país no es mayoritariamente de derecha ni de izquierda, sino de centro.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: