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Mujeres al volante… apenas el comienzo

Al llegar a la puerta de salida de Saudi Aramco, uno de los colosos petroleros más importantes del mundo, Samia levantó su mano izquierda, con la otra al volante, y saludó a uno de los guardias de turno en el punto de control. Al acercarse éste, bajó la ventana y recibió de manos del hombre una flor. Con una sonrisa de inmensa felicidad, puso el auto nuevamente en movimiento y volvió a saludarle, a él y a otro oficial que se encontraba dentro de la caseta. Y salió del complejo agitando la flor, desbordante de alegría.

La emotiva secuencia se ve en un video de 27 segundos publicado el pasado fin de semana en la cuenta de Twitter de Manal al-Sharif, una valiente activista saudí por los derechos de las mujeres a quien sigo atentamente desde que la conocí en Praga, hace ya un par de años, durante un encuentro del Forum 2000. Y es solo uno de los incontables registros que corren en este instante por las redes sociales desde que el reino de Arabia Saudita levantó el domingo una de las más emblemáticas prohibiciones para las mujeres: la de conducir.

Hay que tomar con cautela y hasta con cierto escepticismo este avance, pues queda una larga y dura ruta por recorrer para las mujeres en las sociedades conservadoras musulmanas, y particularmente en la del reino. Para empezar, aún pesa sobre ellas el sistema de tutela masculina. Sin embargo, creo que están frente a una fabulosa oportunidad para seguir adelante. Una de las variables, aunque no la única, es la tecnológica, en combinación con una fuerza cultural e intelectual, crítica y reformista, que está presionando y desafiando los mismísimos fundamentos del Islam.

“parece plausible que Internet sea para el Islam en el siglo XXI lo que fue la imprenta para el cristianismo centurias atrás.”

Ayaan Hirsi Ali, en su libro Heretic, afirma que está en camino una reforma musulmana. De hecho, podría ya estar en marcha. Y le parece plausible que Internet sea para el Islam en el siglo XXI lo que fue la imprenta para el cristianismo centurias atrás.

Hoy, cada vez más disidentes y reformistas, con sus matices y diferencias, se atreven a hablar abiertamente, dentro y fuera del Islam y dentro y fuera de sociedades musulmanas, arriesgando incluso la vida. Algunos son ex radicales pero aún musulmanes, otros son apóstatas y conversos. Algunos son intelectuales, otros clérigos. Hirsi Ali es una de las tantas figuras, pero sumemos a Maajid Nawaz, Zuhdi Jasser, Nonie Darwish, Asra Nomani, Irshad Manji, Kareem Amer y Wafa Sultan, entre muchos otros. Hoy, prisionero y condenado a azotes en Arabia Saudita, se encuentra Raif Badawi, para cuya liberación hay una intensa campaña impulsada por su familia (#FreeRaif). Y, entre los académicos y clérigos, están desde Abd al-Hamid al-Ansari, un prestigioso ex decano de derecho islámico de la Universidad de Qatar, hasta el fenómeno de las redes sociales Imam Tawhidi (@Imamofpeace), radicado en Australia.

Para la disidencia y los reformistas, Internet —y las tecnologías de comunicación en general— ha sido, de una u otra forma, una fantástica plataforma de exposición, conexión y colaboración. Manal al-Sharif, por ejemplo, emprendió en 2011, con otras mujeres, una campaña en Facebook llamada Women2Drive. A ella y a otras, como Wajeha al-Huwaider, deben mucho las que están tomando el volante en Arabia Saudita. Su libro, Daring to Drive: a Saudi Woman’s Awakening, se compra en Amazon y en varios idiomas, así como sus videos, artículos y publicaciones están en redes sociales, blogs, prensa y otros sitios. Su osadía —protestar y atreverse a manejar, con el video viral correspondiente— la llevaron a prisión, pero hoy está libre y muy activa.

Aunque esta fuerza cultural e intelectual, crítica y desafiante, está remeciendo cimientos y denunciando, la resistencia es tremenda. Y la tecnología también está al alcance, no solo de movimientos ultraconservadores y gobiernos opresivos, sino también de grupos terroristas, incluso con estructura militar, como el Estado Islámico (Daesh), que ansía volver con su califato al siglo séptimo. Es sorprendente el inteligente y sofisticado uso que hace Daesh de Internet para reclutar y difundir su narrativa y sus atrocidades con el fin de «sembrar el terror en los corazones de los infieles». Es la «jihad digital» a través de redes sociales, plataformas de distribución de contenidos, videojuegos y otras herramientas. Su revista online Dabiq puede verse en el sitio de la organización Clarion Project contra el Islam radical.

Si, como dice Hirsi Ali, hay una reforma a la vista, las oportunidades tecnológicas son tan colosales como los desafíos. Conquistas como la de Samia y la de tantas mujeres saudíes podrían devenir en transformaciones positivas mucho más extendidas.  Y en más libertad y respeto para millones de musulmanes. Esto tanto para hombres como para mujeres, pues no se trata de una lucha feminista, sino de una por la dignidad y los derechos humanos de todos.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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