Mochilas sin libros de historia

La escandalera con el cambio en la malla curricular de educación secundaria, que hará optativa la materia de historia para tercero y cuarto medio, no se condice con la condescendencia que existe frente al vandalismo y el matonismo que se ha hecho habitual en algunos colegios de Chile. Para algunos es más grave que el estudiante decida si carga o no su mochila con un texto de historia, a que la cargue con suficiente bencina para iniciar una quema masiva de libros. Pero no seamos hipócritas. En el caso del Instituto Nacional es más que seguro que, si se revisan las mochilas de los estudiantes, aparezcan algunas con insumos muy ajenos a la comprensión de la historia, pero precisos para armar una gran hoguera, no precisamente para ser la luz de la Nación. La discusión con respecto a la materia de historia es artificial. El problema es la falta de disciplina en el sistema educativo.

El problema de fondo con respecto a la camorra y bandidaje en colegios como el Instituto Nacional es que, desde hace años y bajo el cliché de la juventud comprometida e idealista, se ha ensalzado a los estudiantes hasta niveles absurdos, donde estos perciben que están por sobre cualquier criterio o norma. Entonces, amparados en sus supuestos altos ideales y su edad temprana, justifican y proceden a cometer cualquier barbaridad o delito, lo que ha significado no solo el sistemático vandalismo en sus propios colegios, sino también el permanente hostigamiento a otros estudiantes que no se alinean con sus posturas, junto con permanentes amenazas y agresiones a profesores. No olvidemos que tiempo atrás en el Liceo Darío Salas, un colegio “emblemático” de la comuna de Santiago, trataron de quemar a una profesora. Lo cierto es que el combustible para ello fue transportado en una inocente mochila escolar.

En contextos de esa índole, muy alejados del respeto al docente y alejados de lo educativo, el estudio de la historia probablemente hace rato brilla por su ausencia en las aulas y también en las mochilas de varios estudiantes. Y si por esas cosas esa materia es impartida, probablemente no está siendo enseñada de manera pedagógica, sino que está siendo instrumentalizada y distorsionada por ciertos profesores cuyo único objetivo es exacerbar los odios y pasiones de una muchedumbre novata e irresponsable que los tiene por sabios. Porque esos supuestos líderes estudiantiles, asiduos al overol y el pasamontañas, son simplemente unos monos con navaja, cuyos padres y profesores no son capaces de regañar.

Lo peor es que los adultos, ya sean apoderados o profesores, han consentido aquello para no quedar como espíritus moderados. Es tal el nivel de decadencia, bajo una errada pretensión de vanguardia, que incluso algunos padres han llegado a escupir profesores, tal como ocurrió con el vicerrector del instituto Nacional tiempo atrás. Se ha perdido el recato y el respeto. Y da lo mismo si el ramo de historia es optativo u obligatorio, o si sabes mucha o poca historia, la decencia jamás ha dependido de aquello. El problema es otro, y es que en las aulas de la educación estatal se ha perdido todo pudor. Por eso, el foco de luz de la Nación hoy parece una simple y burda hoguera.

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