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Publicado el 20.10.2014

“Me imagino que, en su próxima visita a Alemania, escucharemos la reflexión de la Presidenta sobre la RDA…”

Dos veranos se instaló Roberto Ampuero junto a su mujer en Berlín. En un departamento que antes estuvo en la zona oriental de la capital germana, y que muchas veces miró al bajarse del metro en sus años de estudiante de marxismo en la Humboldt Universitát de la desaparecida RDA. Al cumplirse 25 años de la caída del Muro, el escritor decidió continuar en un nuevo libro la historia que iniciara con “Nuestros años verde olivo”, que recogía su experiencia como joven comunista en la Cuba de Fidel Castro.

“Todo ocurrió como está narrado”, dice, sentado en su apacible casa de Olmué, donde aterriza cada verano chileno desde Estados Unidos. En esta larga conversación con “El Mercurio” —con la que iniciamos una serie de reportajes sobre lo que significó la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989—, Ampuero reflexiona en primera persona sobre el “horizonte utópico” que él y centenares de chilenos habían soñado y su choque con el socialismo real.

“Lo importante de esta historia no son las personas, que en los regímenes totalitarios son piezas de un engranaje, sino las circunstancias de una época que vivieron miles de chilenos y que en un 99% decidieron silenciar”, explica el escritor, a propósito de esta memoria novelada. Personas y lugares que hoy siguen intactos en el Berlín unificado emergen en el relato que hace de esos años en “Detrás del Muro”, que será lanzado este martes en la Universidad Finis Terrae.

“Agradecidos por salir del naufragio”

“Los chilenos estaban muy marcados por el exilio y la obligación de dejar su país, un destino trágico, porque nadie se fue feliz. Vivían en varias ciudades de Alemania Oriental (RDA); por lo general, en edificios que eran solo para chilenos. Una suerte de guetos que reproducían las instituciones, partidos y comités de la Unidad Popular en forma bien organizada. La gente estaba muy agradecida por salir del naufragio y recibir todo; por lo mismo, tenía una visión muy idealizada del sistema. Los jóvenes estudiaban si podían aprender el alemán, y los adultos por lo general trabajaban en lugares que no necesitaran idioma, muchos de ellos como obreros”.

“Su percepción de la realidad estaba mediatizada y limitada por el idioma que no lograron dominar: siempre usaban traductores colocados por el partido. El exilio obligado afectaba a la familia, la pareja, los hijos; el idioma impedía desempeñarse en la propia profesión, y llegar a un sistema tan rígido y aislado como el alemán oriental hacía las cosas mucho peores”.

“El primer filtro”

“El primer filtro para los chilenos era el comité donde estaba representado cada partido de la UP y un alemán oriental, obviamente de la Stasi, la policía secreta. Ese grupo tramitaba trabajos, becas y la salida”.

“Al no ser ya comunista, yo me acerqué a la UJD, brazo del Mapu Obrero Campesino, donde éramos como cinco en Alemania Oriental y nos daba un manto protector. Había gente muy decente y otros… Carlos Cerda lo describe muy bien en su libro Morir en Berlín “.

“Como chileno viviendo en un país comunista, era central estar bajo el alero de un partido. Siempre recuerdo la tragedia que podía ser que a alguien lo expulsaran viviendo en Rumania, la URSS o Alemania Oriental; era peligroso, complicado”.

“Los de Italia se reían de los peces de colores. Cuando pasaban por Alemania los militantes que venían de occidente, uno se daba cuenta de que estaban informados, seguros, porque no dependían del Estado…”

“Eres un estúpido… Lo único que queremos es irnos”

“Yo tenía 17 años y no conocía casi nada del mundo. Conocía el Colegio Alemán, que algo de diversidad tenía; la literatura y la música influida por Quilapayún e Inti Illimani fueron un imán, una cultura que me atrajo hacia las Juventudes Comunistas. Cuando tuve que salir al exilio, pensé inmediatamente en Alemania Oriental, el anhelo socialista. Hablaba el idioma y podía entrar a cualquier universidad”.

“Renuncié a las Juventudes Comunistas en La Habana, en 1976. Considero que fue una postura muy valiente: un joven de 21 años que en un régimen totalitario dice “no quiero esto para Chile”. Una dictadura no es lo mismo que un régimen totalitario; no hay espacio para marchas, manifestaciones ni disidencias, habría sido suicida. Como decía el poeta cubano Heberto Padilla: ‘aquí no hay que ser Giordano Bruno, hay que ser Galileo Galilei'”.

“Si no tuve miedo entonces, menos me preocupan hoy las reacciones de grupos estalinistas a mis libros. Me siento muy tranquilo, nada más ajeno a mí que estar aplaudiendo hoy al régimen de Corea del Norte o a los Castro después de 55 años, o a Maduro”.

“Regresé a Berlín Oriental porque no había otra forma de salir del comunismo. No tenía pasaporte chileno vigente y, en plena guerra fría, era impensable aterrizar en cualquier país en un avión de La Habana. Si algo sabía, era que la única salida posible hacia occidente era a través de Europa y no quedándome en Cuba. Era posible obtener permiso para visitar Berlín Occidental y quedarse, porque Alemania Occidental no cuidaba su frontera, al contrario”.

“Al regresar, mi mirada se volvió aún más crítica. Me vinculé con alemanes, que con cierto grado de confianza me permitieron tener algún grado de realidad. Hablaba bien el idioma y pinchaba con las alemanas; ninguna entendía que hubiera vuelto. ‘Eres un estúpido al volver’, me decían, ‘lo único que queremos nosotros es irnos'”.

“Solo un silencio incómodo”

“En Alemania Oriental, los chilenos se encontraron con un Estado que entregaba todo y controlaba. En un primer momento les pareció un sueño; el primer golpe fue que los alemanes orientales no valoraran el sistema y que todos sin excepción quisieran huir a occidente”.

“Para los chilenos fue una interrogante ideológica sin respuesta que interpelaba permanentemente sus convicciones. ¿Por qué, si les dan todo, la gente no está satisfecha? ¿Por qué el muro, las rejas y los perros? Al aceptar eso y mantener silencio, la interpelación ética mínima era por qué condenaban, entonces, la otra dictadura en Chile. Quedaban entrampados y prefirieron cerrar el tema, no hablar, no levantar la cabeza y no mirar el Mauer (muro), ese concepto que nunca existió en la prensa, literatura o televisión de la Alemania Oriental… aunque hubo 13.000 soldados destinados especialmente a cuidar la frontera, casi la mitad del ejército chileno”.

“Hoy no hay memoria o artículos apologéticos sobre Cuba, la RDA, la URSS o Bulgaria, solo un silencio incómodo. Incómodo porque, al final, su modelo no funcionó. Para una dirigencia política que se identificó y justificó el régimen socialista es muy difícil hablar sobre eso, porque fracasaron no solo en lo económico, sino que su población, apenas pudo, derribó el muro y escapó”.

“Cuando se celebra a Corea del Norte sin costo político, algo está mal”

“Ese silencio se mantiene en otros sentidos. Stroessner y Pinochet reciben una condena social porque se ha generado un trabajo sano y legítimo en contra de las dictaduras, pero cuando se celebra a Corea del Norte o los 55 años del régimen de los Castro sin costo político, algo está muy mal respecto de las ideas de la libertad; no las has difundido. Es algo casi único en el mundo que un partido pueda mandar una felicitación al tirano de la peor dictadura del mundo, como Corea del Norte, y no tenga costo político alguno”.

“No me topé con la Presidenta Bachelet en Alemania Oriental; ella estuvo poco tiempo y se fue antes de que yo llegara. La escuché en un programa de televisión que vi hace poco en la red, donde la entrevistó un periodista alemán en La Moneda. Ella cuenta que como estudiante de medicina viajaba en el metro y escuchaba críticas de otros estudiantes alemanes, y les decía que no sabían lo que tenían: educación gratis, libros gratuitos que no hay en América Latina”.

“Me imagino que en su próxima visita a Alemania escucharemos la reflexión de la Presidenta Bachelet sobre lo que fue para ella Alemania Oriental, a propósito de los 25 años de la caída del Muro y en relación a la discusión sobre democracia y dictadura”.

“Para no morir de tristeza”

“Escuché muchas veces que había un momento crucial en la vida de los germanos orientales, lo cuento en el libro. Los niños alemanes orientales eran bastante felices en su Kindergarten y primeros años escolares, con una caricatura de Honecker muy bueno, y un imperialismo muy malo. Hasta el momento terrible en que crecían y se daban cuenta de que vivían encerrados; ahí enfrentaban a sus padres por el tema del Muro. Con dolor, el padre tenía que contarles que no podrían salir libremente hasta que cumplieran 65 años. ‘No es importante, disfrutemos este sistema’, era la explicación que daban.

“Una respuesta para no morir de tristeza, que cambiaba sus vidas y les hacía tomar conciencia del encierro, de que no eran libres”.

“Todo violador de derechos humanos debe ser juzgado… no siempre es realidad”

“Desde el punto de vista de los alemanes orientales, hay muchas opiniones sobre Erich Honecker. Sus testimonios están en abundantes videos y películas. Algunos dicen: ‘este hombre me hizo tanto mal a mí y a mi familia, que no es reparable, ya me da lo mismo si se fue’. Otros creen que debió pagar hasta el final en una cárcel, porque ‘mi padre murió antes de cumplir los 65 años y nunca pudo salir’.

“¿Margot Honecker? Muchos documentales que pueden verse en la red muestran testimonios de víctimas que sufrieron torturas, prisión y apremios en la ex Alemania Oriental y que identifican o siguen a sus torturadores que hoy están libres y son profesionales en la nueva Alemania. Todo violador de los derechos humanos debe ser juzgado en democracia; no siempre es una realidad”.

“En el socialismo se pierde dos veces”

“Aún hay diferencias entre los alemanes occidentales y orientales. No es posible subsanar 40 años sin libertad, dividiendo el mundo entre buenos y malos, con sistema de partido único, policía política, cárcel. Todos los que vivieron la experiencia del comunismo quedaron marcados, les costó enfrentar la vida en democracia, con competencia, diversidad. Yo mismo, cuando crucé el Muro, sentí temor, incertidumbre y desprotección; podía terminar debajo del puente si me iba mal… Al principio tuve miedo, había pasado de la mano protectora de mi madre y mi padre al régimen de Castro y al de Alemania Oriental”.

“Cambiar la mentalidad es un proceso muy lento; más rápido se echa abajo el muro, se restituyen las calles y la economía. Siempre quedan la mirada y la actitud. Lo descubrí en La Habana: los policías no tenían que pedirles carnet a los cubanos que intentaban colarse en los hoteles para extranjeros. Los paraban solo por su gesto. Por el movimiento sabían perfectamente que no venían de occidente”.

“En algunos sectores alemanes queda un resentimiento hacia el wesi, el ciudadano occidental que tuvo suerte en la vida, que muchas veces es prepotente porque viene de una sociedad que al final tuvo la razón. Como me dice el jefe de inteligencia de la ex Alemania Oriental en el libro: “¿Por qué me tocó a mí estar del lado de los perdedores? Trabajaba más que en Alemania occidental, ganaba menos. ¿Qué culpa tengo?”.

“Es terrible. Siempre digo que en el socialismo se pierde dos veces: cuando toca vivir en él y en la transición al capitalismo que siempre llega”.

 

“Mientras la derecha y el centro no le den importancia a la batalla de las ideas, seguirán a la defensiva en un mar de ideas de izquierda”

– ¿Por qué evita en el libro dar nombres o episodios que pudieran ser reveladores de la convivencia entre los chilenos detrás del Muro?

– Las personas no son importantes. Quise recuperar esa atmósfera, porque es llamativo que, siendo tantos los chilenos que vivieron durante años detrás del Muro, no haya más relatos de lo vivido. Quien más se acercó fue Carlos Cerda con su novela “Morir en Berlín”. La memoria ampliada es siempre buena, es sano y legítimo recordar etapas lejanas y traerlas al presente, como lo hicimos el año pasado en Chile, con el 11 de septiembre y las violaciones a los derechos humanos en el período dictatorial. Otros sectores no hicieron su tarea.

– ¿A quién se refiere?

– Uno puede estar de acuerdo o no, pero es bueno e importante que un país en democracia analice su historia reciente. A la derecha y la DC les faltó poner el acento en la historia entre 1970 y 1973, que también fue traumática para Chile, porque se produjo la extrema polarización y división del país. Habría reafirmado que nada justifica la violación de los derechos humanos y la importancia de evitar la descalificación, buscar el diálogo y los acuerdos dentro de las diferencias. Quedó pendiente y confío en que, al cumplirse 25 años de la caída del Muro, la izquierda que se identificó y justificó políticamente regímenes totalitarios, lo asuma, porque estos modelos jugaron un papel en el Chile de los 70.

– ¿Fue una decisión acertada la actitud del ex Presidente Piñera por el 11? Se lo criticó por provocar un debate que divide a la derecha.

– Aquí no caben esos cálculos pequeños, tampoco guardar silencio con los 25 años del Muro. Para la salud democrática del país, fue muy importante el ejercicio que hizo el Presidente Piñera, aunque haya gente descontenta en la derecha. Los protagonistas tienen que asumir los costos de la historia; las responsabilidades pueden irse postergando pero terminan pasando la cuenta.

– ¿Cambió su visión sobre la renovación de la izquierda chilena?

– Fue importante que valorara nuevamente el sistema democrático, pero hoy ha cambiado otra vez su visión respecto de la profundidad de la democracia y la Constitución que fue reformada por el Presidente Lagos.

“Hemos sufrido un retroceso inquietante, hemos perdido la capacidad de diálogo y de llegar a acuerdos sin creerse dueños de la verdad. Desde los 70 que no teníamos un ambiente tan crispado ni una polarización tan marcada como hoy. Me preocupa, porque Chile tiene quilla muy corta y pierde fácilmente el equilibrio.

– ¿Qué razones explicarían este cambio?

– En Chile se dio un ciclo de excelencia, que demandó mucho compromiso y postergación de todos, un ejercicio difícil que necesita de liderazgos muy mesurados. En la izquierda faltan líderes como Zaldívar o Lagos, o el senador Larraín en la derecha, que buscan acuerdos sin creer que todo tiene que alcanzarse inmediatamente.

– Y a Piñera, ¿no lo pone en esa categoría?

– Él no está hoy en la primera línea de la política, aunque todo indique que irá en esa dirección. Durante su exitoso período de avances, el Presidente Piñera tuvo que gobernar con la presión y presencia masiva de la izquierda, que intentó opacar sus logros y generar la sensación de que el país estaba convulsionado. Recuerdo perfectamente cuando eso comenzó, durante el mensaje presidencial de mayo de 2011, en el Congreso. El Presidente fue interrumpido unas 70 veces por gritos perfectamente organizados y coordinados desde diferentes lados de las graderías. En ese momento, algunos sectores cancelaron la convivencia democrática, en el primer quiebre en el Chile post 90. Luego vienen las marchas.

– ¿Influyó que por primera vez la Concertación estuviera fuera del gobierno?

– Hay una preocupante dosis de intolerancia, de creer que solo un sector puede gobernar el país y que el adversario no tiene legitimidad. Demuestra un inquietante déficit de cultura democrática. La gente hoy no piensa que esté mejor que hace un año, hay más inquietud e incertidumbre. Cuba y Venezuela tenían maravillosos horizontes utópicos, pero…

– ¿Ve “horizontes utópicos” en Chile?

– No dudo de la legitimidad del gobierno de la Presidenta Bachelet, pero si uno suma cuántos fueron a votar y cuántos de esos partidarios conocían el programa, no hay duda de que es una minoría la que está a favor de los planteamientos del Gobierno. Las encuestas muestran cómo se erosiona su apoyo y preocupa que resurja este peligroso matrimonio entre una minoría iluminada y un programa bastante radical. La lección que dejó nuestra tragedia es que los cambios necesitan de un apoyo transversal que los haga duraderos, que no estremezcan la convivencia y no asusten a los inversionistas.

“Durante mucho tiempo los partidos de centro, la derecha y los liberales, como me siento, no nos hemos preocupado de la batalla de las ideas, que es fundamental para el equilibrio democrático en una sociedad. Muchos democratacristianos hoy no saben quién es Maritain, mientras la izquierda ha sabido desarrollar y proyectar muy bien sus ideas. Y ese trabajo es legítimo”.

– Es uno de los déficits más criticados del gobierno de Piñera: su falta de relato, de ideología.

– Esto comenzó mucho antes de 2010, aunque efectivamente no se pudo poner al centro la batalla de las ideas desde el comienzo, por la urgencia del terremoto. El hecho más claro fue cuando la DC no se atrevió a recordar que con la derecha se opuso a lo que temió fuera una posible dictadura comunista y prefirió recordar con la izquierda a la dictadura que vino después.

– ¿Cree que hay una idealización de la UP?

– Se ha olvidado que somos modelo para América Latina desde hace muy poco y que hay razones para eso. Miguel Enríquez, Allende o Recabarren han sido siempre héroes en la izquierda; lo interesante es cómo se convierten en héroes para el resto de la sociedad. Mientras la derecha y el centro no den importancia a la batalla de las ideas, seguirán a la defensiva en un mar de ideas de izquierda.

“Piñera puso al mundo de la cultura sobre pies sólidos”

– Una de las metas de Piñera fue permear el mundo de la cultura. ¿Lo logró en su gobierno?

– El gobierno de Piñera puso al mundo de la cultura sobre pies sólidos. Cuando llegamos, estaba en Dicom por el manejo financiero de los gobiernos anteriores. Es relativamente fácil entregar más y más fondos, lo difícil es ejecutarlos bien y nuestros niveles de ejecución fueron mucho más altos que en gobiernos anteriores.

“Tuvimos un diálogo permanente y fluido con la comisión de la Cámara de Diputados, donde éramos minoría y avanzamos siempre con unanimidad”.

– Este gobierno retiró su proyecto sobre Ministerio de Cultura y la ministra ha sido crítica de su gestión.

-Cuando se tienen ideas refundacionales se lleva al país a la situación en que hoy está. Lo cierto es que aprobamos casi el 75% del proyecto por unanimidad y sin votos en contra. Cuando haya transcurrido algo más de este gobierno se podrá comparar.

– ¿Es una oportunidad para la centroderecha?

– Los escenarios hacia el futuro escapan a lo racional, con esta tendencia económica en picada y esta tremenda crispación política. Si seguimos erosionando la convivencia democrática, puede aparecer un líder populista y agudizar aún más la polarización. En Chile reina en este momento la confusión, hay que parar y pensar para trazarnos un camino en que estemos todos de acuerdo.

Fuente: El Mercurio

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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