Los consensos y la PSU

Entre el caos navideño en Providencia y los vendedores ambulantes que intentaban salvar el año de este harakiri chileno, me topé con un libro de crónicas de Jorge Edwards en el suelo. Ahí relata cómo los jóvenes se drogaban plácidamente en la plaza de la Contrescarpe, y recordaba ‘la era de las prohibiciones, [cuando] la policía francesa perseguía severamente el tráfico y consumo de droga. Pero esa era, al menos por unos días, ha terminado. Ahora se prohíbe prohibir’. Eran sus días en el París del 68, donde ‘los jóvenes se han levantado contra los mecanismos opresivos de la llamada ‘sociedad del consumo’’. Era un cambio de era, ‘al menos por unos días’.

Habla también, en esos mismos años, de graves sequías y de unos pelícanos. Estos últimos le servían a un amigo suyo para predecir los años secos. Se venía una sequía, según él, dependiendo de adónde dirigían los pájaros sus vuelos migratorios por la costa. Yo quizás estoy equivocado, pero insisto que hace 15 años no había raras en Santiago, y ahora abundan con sus guturales cantos primaverales. Una vez le dije a una polola: ‘¿Sabes cómo se llama ese pájaro? Creo que es nuevo acá, llegó por el calentamiento global’. Ni idea, respondió. Es una rara, dije, y me gané una pelea de una semana. Edwards especulaba ya esos años sobre el posible drama: ‘El clima de nuestro Norte Chico podría extenderse hasta el centro del país. La sequía, entonces, dejaría de ser un fenómeno esporádico y pasaría a convertirse en la Zona Central en un rasgo constante’. Al menos hoy ya se cosechan excelentes Sauvignon Blanc en el lago General Carrera. Quizás Boric se jubile como viñatero en Magallanes.

Los amigos de Edwards añoraban entonces la política chilena actual, sin líderes que defiendan cuánto hemos avanzado en libertades políticas, oportunidades y cultura.

Edwards relata también, describiendo el ambiente de la recién recuperada democracia española, cómo sus amigos vivían criticando la ‘mediocridad de la política’, que buscaba demasiados ‘consensos’. Decían que habían desaparecido ‘las oratorias del pasado, la de las réplicas y las interrupciones célebres’.

Quizás las mismas que acá interrumpen violentamente la PSU. Algo impensado en nuestra propia y reciente ‘era de las prohibiciones’, pero hoy apoyado implícitamente por RD y su pusilánime comunicado. Los amigos de Edwards añoraban entonces la política chilena actual, sin líderes que defiendan cuánto hemos avanzado en libertades políticas, oportunidades y cultura; con alcaldes que jaquean al Estado —o montan uno paralelo— levantando consultas ciudadanas ajenas a su ámbito; con las bienintencionadas personas que iniciaron, junto a la crisis de la autoridad, la muerte del Instituto Nacional, introduciendo obcecadamente, pese a las advertencias, el ránking no-ránking (como Francisco Gil, diácono que hoy no firma como tal, y Claudio Castro, hoy alcalde de Renca). Es la política que por años no se renovó porque a la juventud no supo valorar y que ahora, de repente, genuflexa y delirantemente, a esa misma juventud se le ocurre idolatrar.

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