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Latinoamérica libre

Dentro de los muchos vicios que aquejan a nuestra querida Latinoamérica, la fragilidad institucional debe ocupar el podio. Democracias inestables, constituciones desechables y políticos corruptos describen parte de nuestra historia. Y no sólo la historia pasada, pues los socialismos del siglo XXI han venido a acrecentar dicha fragilidad. Venezuela, Bolivia y Ecuador han sido víctimas de este macabro fenómeno político. Por fortuna,  comienzan a caer por su propio peso.

Este tipo de socialismo construyó una estructura que lo hacía parecer indestructible, los poderes fácticos vetaban cualquier tipo de salida democrática. Pero lo que hace un par de años parecía imposible está siendo realidad por la vía menos pensada: la plebiscitaria. Es así como Ecuador ha comenzado el arduo camino fuera de las cadenas del socialismo del siglo XXI, mediante una consulta cuyo principio de fondo es la limitación del poder y la condena de la corruptela política.

“La senda de la libertad requiere de un trabajo a largo plazo y de un relato que compita culturalmente con el de la izquierda.”

Pero lo de Ecuador no es un fenómeno aislado. El hambre en Venezuela o la inestabilidad en Bolivia explican el cansancio con ese modelo de sociedad. ¿Cómo se explica el descontento con un sistema que regalaba bienes a partes importantes de la población, si no es por el colapso e ineficiencia del mismo? La pobreza y la injusticia han marcado a estos países, hundiéndolos en la miseria, y su gente tímidamente comienza a decir “basta”.

Es el momento para que las ideas de la libertad comiencen a ganar terreno, aprovechando el descontento ciudadano. Valores como la democracia liberal y el libre mercado deben marcar la pauta. Estas son las claves para el desarrollo de sociedades modernas, con economías sustentables y respetuosas de los derechos humanos. En ese proceso la limitación del poder es crucial y la extirpación del caudillismo populista, la solución.

“No está todo dicho, Latinoamérica resiste y el socialismo comienza a tambalear.”

Lo de Ecuador es sólo un hito. Que Lenín Moreno, quien no es precisamente un liberal, vea la necesidad de controlar al poder estatal y al caudillismo, es paradigmático. El desarrollo pasa necesariamente por tener una democracia amparada en instituciones sólidas. Podemos estar frente a un nuevo consenso que pueda dar por superado el socialismo del siglo XXI.

La liberación de la dictadura venezolana de Maduro y del caudillismo boliviano de Morales debe ser la gran tarea de la política internacional de esta parte del mundo. La senda de la libertad requiere de un trabajo a largo plazo y de un relato que compita culturalmente con el de la izquierda. No está todo dicho, Latinoamérica resiste y el socialismo comienza a tambalear.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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