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Las ideas importan

Sebastián Piñera asumió nuevamente la Presidencia de la República, pero lo hizo en un contexto radicalmente distinto a 2010. Esta vez ganó con una mayoría contundente que lo perfila como el tercer mandatario más votado de la historia de nuestro país y también se enfrenta a un adversario distinto, pues la pauta dentro de la izquierda ya no la fija la Concertación sino el Frente Amplio.

Piñera debe demostrar que aprendió la lección y que dará un rol central a la política, entendida como una actividad noble que involucra siempre la difusión de ideas. Ya no sirve un gobierno insípido que sólo busque gerenciar el Estado, sino uno que sea capaz de sentar las bases del Chile del futuro. Para eso no basta con las buenas intenciones, sino que se tiene el deber moral de actuar conforme a principios.

Las ideas importan porque actúan como brújula en las horas más oscuras -todos los gobiernos las tienen-, sin ellas la política pierde el sentido, queda vacía. En su administración pasada ya sucumbió frente al poder de las encuestas y la obsesión por caer bien. Pero tiene su revancha, un lujo al que muy pocas personas pueden acceder.

El desafío está en convencer a los chilenos de que la vía del progreso es la indicada para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos, especialmente de los más pobres.

Los nombres del nuevo gobierno fueron un buen primer paso. Es efectivo que las personas designadas tienen experiencia y convicción, pero los nombres no bastan. Todavía no queda claro cuál será el proyecto político sobre el que se levantará la nueva administración. Ojo, Piñera no solo tiene la obligación de sacar al país del estancamiento, sino también la misión histórica de perfilar la centroderecha de las próximas décadas.

“La causa de la libertad tiene sentido, pero para que triunfe debe estar secundada por personas dispuestas a defenderla sin complejos.”

El Frente Amplio no es la Concertación y eso es importante tenerlo claro. La centroizquierda de los noventa fue capaz de consensuar con la Alianza por Chile un camino para el crecimiento del país y era capaz de reconocer las virtudes de su adversario. Boric, jackson y compañía quebraron ese consenso, renegaron de la Concertación y son capaces de negar la sal y el agua al gobierno con tal de cumplir su agenda. La única forma de enfrentados es con un proyecto que pueda proponer a los chilenos una alternativa ética, política y económicamente. Un camino más lento, pero seguro.

La causa de la libertad tiene sentido, pero para que triunfe debe estar secundada por personas dispuestas a defenderla sin complejos. Hoy no es tiempo de renegar, sino de asumir el desafio de sentar las bases para el Chile del futuro con instituciones sólidas, mercados abiertos y ciudadanos empoderados. Hoy es cuando y aquí es dónde.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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