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La nueva falacia anti-liberal

La construcción del hombre de paja

Con la publicación del reciente libro de Patrick Deneen titulado ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? se han caldeado los ánimos con una efervescencia bastante pronunciada. Los enemigos y críticos de la filosofía política liberal aparecen en una revuelta contra un orden que dicen defender parcialmente, pero el cual necesita de una reforma o superación urgente.

Para Deneen, -entre otros- el liberalismo, en mención de profecía, no sólo iba a prevalecer desde su instauración como modelo, sino que, además, con el pasar del tiempo, llegaría a fracasar debido que se convertiría “en una versión más auténtica de sí mismo”.[1] Es decir, está en el triunfo de la filosofía política liberal su propio fracaso debido a que su realización terminaría germinando una reacción contraria motivada a los perniciosos efectos que generaría en el orden social.

Deneen, por ejemplo, afirma la existencia de una clase de tronco de similitudes entre el liberalismo clásico y el liberalismo progresista, y argumenta que “el liberalismo y el estatismo se han combinado formidablemente” acuñando un oxímoron como el “estatismo individualista” consustancial a la filosofía práctica del liberalismo clásico; como también que del liberalismo clásico emerge una nueva aristocracia como una cuasi consecuencia lógica inevitable. El capitalismo, -afirma- como la forma de organización económica que defiende la postura liberal clásica, pasó de ser un sirviente de la ideología para luego adquirir vida propia “como un Frankestein” el cual nos deja esposados a la “inevitabilidad económica”. A tal punto llega su análisis que afirma que la diferencia que el liberalismo y el antiguo régimen tienen es la

“…sustitución de un sistema desigual e injusto por otro que consagra que la desigualdad no será el producto de la opresión y la violencia, sino que contará con la completa aquiescencia de la población, sostenida con el suministro continuo de una creciente prosperidad material junto a la posibilidad teórica de la movilidad social”[2].

Deneen intenta incorporar un entramado filosófico heterogéneo, por más contradictorios que sean sus elementos entre sí, para armar una caricatura de lo que el liberalismo supuestamente es y al que hay que superar. No escatima en proferir al liberalismo y su arquitectura una estimulación a que los individuos se desvincularan del orden social dedicándose a los asuntos privados y así forjar una res idiotica a la que los liberales llamaron república.[3]

Estamos claramente ante lo que en lógica se llama la “falacia del espantapájaros (strawman)”. Edward Damer, en su ya clásica obra sobre las falacias en las argumentaciones y a la que tituló “Attacking faulty reasoning”, definió este tipo de falacia como la búsqueda de tergiversar la posición o el argumento de un oponente con el propósito de facilitar el ataque. La falacia del espantapájaros es…

“…una metáfora que se utiliza para describir la caricatura del argumento de un oponente de que el argumentador defectuoso sustituye a la versión original de carne y hueso. Pero un ataque exitoso contra este sustituto hecho de paja no es un ataque exitoso contra la crítica o el argumento real de la crítica. De acuerdo con el criterio de refutación, un buen argumento debe refutar efectivamente la versión más fuerte de una crítica o argumento en contra de ella.”[4]

Eso es lo que precisamente hace Deneen, construir un muñeco de paja en su muy forzado modelo de liberalismo y atacarlo sin contemplación alguna. Otro error que Deneen comete es pensar que desde hace doscientos cincuenta años, en el cual el paradigma liberal empezó a fraguar en la historia institucional de las naciones más prominentes y desarrolladas de Occidente, este vino en una evolución constante e ininterrumpida hasta convertirse en esa hegemonía catastrófica que pretende retratar. Esto no es solo falso, sino que deja de lado la enorme diversidad del pensamiento económico del liberalismo clásico, sus avances, retrocesos, aplicaciones parciales y consolidación. El progreso de la filosofía política liberal y su aplicación no es única y lineal.[5]

La historia del liberalismo no es una historia precisamente de éxito rotundo, mas bien es la historia de una batalla sin descanso. Si bien en occidente el modelo de democracias liberales ha sido de los más exitosos este ya venía fracturándose desde finales del siglo pasado como bien supo ver Fareed Zacaria[6], hasta el punto de que hoy en día lleva 13 años consecutivos “en retirada” como lo reportó recientemente Freedom House.[7]

¿Ha sido el liberalismo clásico y su aplicación institucional una constante evolución en la historia de Occidente como han querido afirmar muchos? Resulta difícil afirmarlo. Miremos unas décadas atrás.

 

El anuncio de la decadencia

Hace casi cuarenta años Milton Friedman, quien fue Premio Nobel de Economía en 1976, visitaba la biblioteca del Congreso en Washington DC, Estados Unidos, por motivo de la grabación de su famosa serie Free To Choose. Friedman emprendió este riguroso trabajo fílmico con el objetivo de mostrarle a la ciudadanía norteamericana tanto las bondades de los gobiernos limitados y la economía libre como también los peligros de la concentración del poder. En esta visita mostraba, de manera bastante gráfica, el maremágnum de registro de leyes y regulaciones emanadas del poder político para intervenir y controlar la economía y las libertades de los ciudadanos.

Para 1936, fecha en que se crea el Registro Federal, tres volúmenes que contenían 2.599 páginas bastaron, esto concentraba toda la regulación. Veinte años después, se sumaron diez volúmenes que contenían 10.528 páginas. Diez años más tarde -en 1966- otros trece volúmenes con 16.850 páginas; y de 17.660 páginas en 1970 a 36.487 en 1978. El gasto gubernamental se quintuplicó en el mismo período y la cantidad de burócratas empleados en actividades regulatorias se incrementó de 28.000 en 1970 a 81.000 en 1979.[8] Para Friedman, el modelo liberal clásico defendido por los padres fundadores venía en sostenida decadencia. El avance del gobierno sobre las libertades de los ciudadanos era notorio y preocupante.

Por otro lado, y en el mismo orden de ideas, Friedrich von Hayek, también Premio Nobel de Economía, enfatizaba la misma preocupación que Friedman: el sueño del gobierno limitado de los padres fundadores de Estados Unidos venía desvaneciéndose en el evidente y pernicioso incremento de la concentración del poder en EEUU y Europa. Aquel modelo de Montesquieu y los padres de la Constitución norteamericana, no había podido alcanzar los fines que se propuso debido a que todos los gobiernos, por medios constitucionales, habían podido hacerse con los poderes que aquellos hombres pretendían negarles. Para Hayek, expresamente, era evidente que “el primer intento de garantizar la libertad individual por medio de constituciones ha fracasado.”[9]

Estos ejemplos claros muestran qué se respiraba en aquel clima intelectual en el ámbito de los liberales clásicos. Ya hace cuatro décadas la inquietud de los liberales clásicos por buscar nuevas formas para limitar el poder se expresaba de manera enérgica en propuestas, críticas y desarrollo de nuevos análisis. Estas fueron unas de las razones principales que los llevaron a fundar la Mont Pelerin Society.

El liberalismo como filosofía política no auguraba un fracaso por su aplicación a pies puntillas sino más bien por lo contrario: el notorio desvío y desplazamiento del ideal liberal y el ascenso de las recetas socialistas e intervencionistas. Ya el mismo Ludwig von Mises alertó en su Liberalismo que de aquellos siglos XVIII y XIX donde se forjó el ideal liberal y se hizo especie de programa político predominante en la Inglaterra y Estados Unidos y después en gran parte de Europa, “ya, prácticamente nadie se acuerda”[10]. Para éste, una nueva tipología sistemática a la que llamó “intervencionismo” venía desarrollándose en el seno de las principales potencias occidentales.[11] Era 1927 cuando Mises afirmó de manera categórica que…

“Vivimos en un mundo totalmente desastrado, a causa de la combinada actividad de todas las facciones anticapitalistas, situación que sólo podría remediarse si las grandes potencias retornasen a los principios liberales, lo cual únicamente será posible cuando las masas vuelvan a depositar su confianza en el capitalismo. El actual caos político, por desgracia, no tiene otra salida.”[12]

Estas afirmaciones y panoramas no parecen muy alentadores, al contrario de lo que Deneen afirma, los liberales clásicos no sentían que el sabor del éxito liberal los llevaba al fracaso, era el abandono del ideal liberal, enfáticamente, lo que los mortificó hasta el final de sus días.

Unos cuantos años después

Cuando la gran recesión del 2008 explotó y se desplomó el sistema financiero, el progresismo mundial aseguraba que fue el capitalismo en su versión más extrema y radical el causante de la crisis. Los alarmistas antiliberales no llegaron nunca a escatimar que todo un entramado edificado sobre una estructura de controles y regulaciones erigidas desde los bancos centrales y los privilegios otorgados a la banca comercial eran la fuente de la crisis.[13] El liberalismo clásico se hallaba sustituido por las recetas neokeynesianas que prometían bajo los sistemas estocásticos elaborados de predicción prever cualquier derrumbe del sistema, para luego,  ingresar tranquilamente a la jauja de la armonía. Lo que fracasó realmente fue un proyecto de control monetario y financiero hiper regulado el cual desencadenó una crisis monumental.

En Europa, países como España, Francia, Portugal y Grecia preocupaban en demasía a una Unión Europea que lejos de representar el adalid del liberalismo clásico, concentraba en el descalabro de sus deficitarios Estados de Bienestar el germen de su propia destrucción.[14] Este camino tomado por Europa era radicalmente distinto a lo que soñaron los liberales clásicos. La visión liberal clásica europea defendida Robert Schuman de Francia, por Konrad Adenauer de Alemania y de Alcide de Gasperi por Italia, discrepaba fundamentalmente de la visión socialista defendida por Jaques Delors y Francois Miterrand. Mientras unos defendían el restablecimiento de las libertades del siglo XIX y un logro fue el Tratado de Roma (1957); la visión socialista buscaba un Estado imperial y cada vez más centralizado. La batalla de visiones en la Unión Europea degeneró después de décadas en que la visión más centralista, donde el poder se concentra más en Bruselas que en la determinación de los propios Estados, por una cartera burocrática gigantesca de funcionarios que nadie elige, terminara por absorber el proyecto político europeo.

En su obra La tragedia del Euro, el economista alemán Philip Bagus registra como el ideal socialista terminó por tomar los elementos más importantes de la UE, la centralización de políticas determinantes y el incremento de un gigantesco Estado cada vez más centralizado. Bagus sotiene que

“A lo largo de los años ha prevalecido una tendencia paulatina hacia el ideal socialista que se ha plasmado en presupuestos crecientes para la UE y en una nueva política regional de redistribución de la riqueza en Europa.”[15]

Así como Bagus, historiadores y economistas como Bernard Connolly se han encargado de revelar las intrigas, proyectos y resultados a los que ha sido sometida la Unión Europea, el cómo la influencia de Francia ha sido fundamental para darle poder a un proyecto cada vez más centralista y cómo se manifestó el proyecto del Euro con el fin de neutralizar a Alemania y su austera y responsable política monetaria la cual impedía a la UE reconocer y financiar la deuda de todos los países miembros.[16]

Y en Estados Unidos, aquella nación inspirada -en gran medida- en los principios de liberalismo clásico, en lugar de una afirmación y evolución de tales principios fundacionales lo que se ha manifestado es -como ya Friedman había manifestado- una “gran degeneración” sostenida de estos valores. Así lo sostiene lo sostiene de manera rigurosa Axel Kaiser:

“No es sorprendente que esta especie de utopía de los derechos sociales que logró desbancar los fundamentos libertarios de la cultura e instituciones norteamericanas, hayan llevado a Estados Unidos al punto de crisis actual. Como explicara el mismo Hayek, estas ideas son totalmente incompatibles con el orden espontáneo del mercado y el principio de responsabilidad individual y su completa realización necesariamente conduciría a un orden totalitario. Si bien Estados Unidos no ha llegado a ese punto, no hay dudas de que esta filosofía igualitarista al invertir la lógica de la actividad del Estado, desde la protección de derechos fundamentales como la vida, la libertad y la propiedad, a la redistribución y dirección del orden económico, afectó seriamente la libertad personal y el dinamismo del mercado dando pie a la gran degeneración…”[17]

“¿Es realmente el modelo de libertad pensado por Hayek y Friedman el predominante en el mundo Occidental?”

Estos escenarios son muy distintos a esa visión que Patrick Deneen y muchos otros afirman sobre el éxito del orden social liberal. Lejos de ser una concreción inexorable de un éxito sin parangón, más bien ha sido la lucha de visiones donde unas no han predominado siempre y absolutamente sobre otras. El liberalismo clásico no es hegemónico hoy día y las consecuencias a las que se enfrentan las democracias occidentales están más vinculadas a los resultados del descalabro de modelos políticos económicos de los Estados de Bienestar que otra cosa.[18] Por ello es difícil afirmar, como así lo sostiene Deneen, que “que el sistema económico que fue pensado por economistas como Friedman no está funcionando.”[19] ¿Es realmente el modelo de libertad pensado por Hayek y Friedman el predominante en el mundo Occidental? La evidencia refuta esa tesis.

Claramente, lo que se ha hecho del liberalismo clásico no es más que un muñeco de paja.

 

A pesar de…

El orden social liberal que aún sobrevive y permite unos beneficios extraordinarios en términos de superación de la pobreza, el aumento de la riqueza, la erradicación de epidemias y enfermedades graves, la reducción de la violencia, entre muchos otros,[20] no son claramente debido al aumento del papel del Estado en nuestras vidas sino más bien a pesar de él. El efecto de la globalización[21], los mercados libres y el respeto a los derechos de propiedad han sido clave para este despliegue de logros jamás visto en la historia de la humanidad.

El liberalismo, como una filosofía política que tiene como sujeto moral al individuo, busca reducir al mínimo el papel de la coacción que algunos tienen sobre los demás, en el orden social, al mínimo. La protección de la vida, la propiedad y la libertad forman parte de su núcleo fundamental.[22] No es aquel individualismo que, según Deneen, contribuye a incrementar el poder del Estado cada vez más centralizado.[23]

El argumentario que los detractores de la libertad quieren construir con la finalidad de posicionar sus esquemas caducos disfrazados de nuevas propuestas es una estrategia endeble y poco rigurosa la cual no resiste un minucioso análisis. Es tarea de los defensores de un orden social liberal interpelar y dejar en evidencia lo que no resulta ser más que un strawman, el espantapájaros del antiliberalismo actual.

 

Bibliografía:

[1] Deneen, Patrick. “¿Por qué ha fracasado el liberalismo?”. Madrid: Ediciones Rialp, 2018.

[2] Ibídem.  Véase el capítulo 6.

[3] Ibídem.

[4] Damer, Edward. “Attacking faulty reasoning”. EEUU: Wadsworth Cengage Learning, 2009, p. 204.

[5] Véase por ejemplo el análisis que hace el economista Murray Rothbard desde el paradigma de Thomas Kuhn, para explicar que la historia de la evolución y refinación de un pensamiento y su adecuación no está necesariamente determinada a ser lineal y progresiva sino más bien enfrentan retrocesos, avances y estancamientos que vienen precedidos por razones políticas, religiosas y científicas que influyen sobre pensadores e instituciones. Véase su “Historia del pensamiento económico”. Vol. 1, España: Unión Editorial, 1999.

[6] Zacaria, Fareed. The rise of illiberal democracy”. Foreing Affairs, 1997.

[7] Véase su reporte 2019: Democracy in Retreat https://tinyurl.com/y5gwodeh

[8] Friedman, Milton and Rose. “Free to Choose”. EEUU: HBJ, 1980, pp. 190-191.

[9] Hayek, Friedrich. “Derecho, legislación y libertad”. España: Unión Editorial, 2013, p. 15.

[10] Mises, Ludwig. “Liberalismo”. España: Planeta-Agostini, 1994, p. 11.

[11] Véase su “Seis Lecciones sobre Capitalismo”. España: Unión Editorial, 1981, pp. 43-58.

[12] Mises, Ludwig. “Liberalismo”, p. 191.

[13] Véase a Norberg, Johan. “Fiasco Financiero”. España: Unión Editorial, 2015, pp. 99-136.

[14] Véase: Rojas, Mauricio. “Crisis europea y estados de bienestar. Lecciones de un modelo a evitar” (2012) en        https://tinyurl.com/yxk5dnza.

[15] Bagus, Philip. “La tragedia del Euro”. España: Unión Editorial, 2012, p. 35.

[16] Connolly, Bernard. “The rotten heart of Europe”. Londres: faber and faber, 1995.

[17] Kaiser, Axel. “La gran degeneración: el ideal perdido de los padres fundadores de Estados Unidos”. Ensayo publicado en Caminos de Libertad: https://tinyurl.com/y3vw9n8f pp. 8-9.

[18] Véase: Flossbach, Bert y Vorndran, Philip. “La avalancha de la deuda”. España: Unión Editorial, 2013.

[19] Véase la entrevista realizada a Deneen por The Clinic: https://tinyurl.com/yyqrmx94.

[20] La reciente obra de Steven Pinker “En defensa de ilustración”. España: Paidós, 2019, resume de manera extraordinaria estos datos.

[21] Véase a Norberg, Johan. “En defensa de la globalización”. España: Unión Editorial, 2015.

[22] Véase Rallo, Juan Ramón. “Liberalismo. Los diez principios básicos del orden político liberal”. España: Deusto, 2019, cap. 1.

[23] Deneen, Patrick. “¿Por qué ha fracasado el liberalismo?”, cit. Cap. 2.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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