La Moneda: ¿Espacio para improvisar?

Tener nacionalidad chilena, 35 años cumplidos y las otras cualidades necesarias para ser ciudadano con derecho a sufragio. Tampoco tener penas aflictivas. Punto. Eso es. ¿A cuántos puestos de trabajo con cierta especialización y responsabilidad se puede acceder hoy en Chile con estos requisitos? A pocos probablemente. Son, sin embargo, los requisitos necesarios para ser elegido Presidente de la República.

 

La Moneda no puede terminar siendo un espacio al que se llega a tratar de ser político, a improvisar seducido solo por buenas intenciones y utopías librescas. La Moneda no es peldaño hacia otro cargo, sino el cargo más alto y honroso al que un chileno puede postular.

Insuficientes, a mi entender, para dirigir con ciertas posibilidades de éxito a un país como el nuestro en esta fase de complejo desarrollo económico, político, ambiental y tecnológico a nivel nacional y mundial. La responsabilidad ciudadana es hoy, por lo tanto, mayor que nunca. La razón es sencilla: no todo quien califica para postular a la Presidencia, está capacitado para ser Presidente. Presidir un país no es solo querer hacer, sino sobre todo saber hacer. Pero nunca han sido tan gravitantes como hoy la imagen y la consigna, no los contenidos y el know how, para postular a La Moneda.

Un panorama parecido se observa en el Congreso. Al menos para ambas cámaras se exige tener la enseñanza media completa. Allí, donde se legisla, no se exige haber cursado o terminado alguna carrera técnica superior o universitaria. No hablemos de posgrados. ¿A eso se deberán los reiterados bochornos con leyes que se aprueban y no pueden aplicarse? ¿No debería tener que ver la política también con estudios, conocimientos, especialización, experiencia, ciencia, leyes o cultura? ¿Es saludable a estas alturas del siglo que los más altos cargos de elección popular estén abiertos prácticamente a todos sin importar su nivel de capacitación?

La mayoría opina que subir la vara resulta discriminatorio, que los requisitos deben ser mínimos y que el voto popular decida. Por lo mismo, los ciudadanos están llamados a escudriñar con celo la trayectoria, experiencia y capacidad de los candidatos, no solo la simpatía que despiertan o la novedad que representan. Algo difícil en ambientes políticos exacerbados, desde luego. Si la sintonía con el elector ayuda en campaña, poco ayuda después en el ejercicio adecuado del cargo. Muchos votan guiados por la simpatía del candidato, pero terminan exigiéndole, de triunfar, resultados de quien fue escogido en verdad por su idoneidad.

Como en Chile el Presidente es asimismo Jefe del Estado, su responsabilidad se vuelve más compleja y exigente. Por ello, el tema de la idoneidad debiera ser relevante. El desprestigio de la clase política lleva a muchos a sostener que, como esta es incapaz de gobernar, se justifica que otros, ajenos al establishment , lleguen al poder aunque no estén capacitados. Beatriz Sánchez, precandidata del izquierdista Frente Amplio, lo planteó con claridad en entrevista reciente. Aceptó que, por su falta de experiencia política, es tan “aficionada” como los políticos tradicionales: “Entonces, bienvenidos los aficionados. A mucha honra, ser aficionada”. Así se legitima la mediocridad y se insta a mantenerla porque al final lo único importante es ganar.

Conviene examinar a los presidenciables también por el lado de su formación. ¿Tienen todos estudios superiores? ¿Cuántos cuentan con un máster o doctorado? ¿Hablan otro idioma fuera del castellano? ¿Cuántos han formado una empresa, dado trabajo, generado riqueza? ¿Cuántos han dirigido partidos, sindicatos o gremios profesionales? ¿Cuántos han estado a cargo de dirigir y coordinar a personas? ¿Actualizan sus conocimientos? Nada de esto garantiza que vaya a ser un buen Presidente, pero es clave a la hora de tratar de serlo. La Moneda no puede terminar siendo un espacio al que se llega a tratar de ser político, a improvisar seducido solo por buenas intenciones y utopías librescas. La Moneda no es peldaño hacia otro cargo, sino el cargo más alto y honroso al que un chileno puede postular. La buena política no suele surgir por generación espontánea.

Octavio Paz señalaba que en México era posible pasar de la política a los negocios, pero no de los negocios a la política. En su opinión, la clase política no suele mirar con buenos ojos a quien haya tenido éxito económico fuera de ella. Sin embargo, muchos políticos transitan de la política a los negocios. Junto con investigar los recursos que alguien logró acumular antes de entrar a la política, corresponde averiguar cómo algunos han acrecentado los suyos durante su vida como políticos. Parte de la desconfianza hacia los políticos se debe a que muchas personas estiman que ellos adquieren privilegios y se enriquecen con su actividad. La transparencia ha de ser transversal, diría el gran intelectual mexicano.

 

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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