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La cuenta generacional

En Chile ya nos hemos mal acostumbrado a que diversos candidatos a presidente, diputado, senador, alcalde lo que sea nos ofrezcan cosas sin clarificar costos. Así, como si los recursos fueran infinitos, se prometen mejores pensiones, educación gratuita y de calidad, “mejor cultura”, trenes y un largo etc. Con tal de ganar la venia de los electores, los aspirantes al poder, cual vendedores de cachivaches, ofrecen de todo, incluso pócimas extrañas, sin mediar mucho las consecuencias de tales ofrecimientos.

“El problema de fondo es que tanto los candidatos como los electores, en general, promueven la gran ficción donde todo el mundo trata de vivir a costa del resto, sin importar los costos futuros de aquello.”

La mala costumbre no es solo de los ciudadanos, que consideran de lo más normal y democrático tener una postura cada vez más pedigüeña, sino también de los propios candidatos que incluso se molestan cuando se les pregunta por cifras más precisas respeto a sus programas, tal como ocurrió con el cómputo extraterrestre de Ossandón y Beatriz Sánchez, quien se quejó de tener que hablar de economía en una entrevista. Lo mismo pasó con Eduardo Artes días atrás, quien no tenía idea cuánto salía lo que prometía con tanto ahínco. Ni siquiera lo sabía en moneda norcoreana.

Parece que varios, que aspiran a ser presidentes, olvidan que llevar un gobierno implica manejar el presupuesto nacional, es decir, el dinero que cada uno aporta con los impuestos que pagamos todos los días. Revise su boleta y calcule el IVA. Lo peor es que muchos de ellos, que no tienen idea cuánto cuestan las cosas que ofrecen, son los mismos que repiten el manera de cobrar más impuestos como solución a todos los asuntos.

El problema de fondo es que tanto los candidatos como los electores, en general, promueven la gran ficción donde todo el mundo trata de vivir a costa del resto, sin importar los costos futuros de aquello. En esa dinámica parasitaria, donde unos ofrecen y otros piden, siempre a costa de recursos ajenos, no se piensa en los costes futuros que serán asumidos por las próximas generaciones de chilenos.

En Chile, no solo nos falta exigir mayor claridad en cuanto a los reales costos de los ofertones electorales sino también en cuanto a las cargas que los programas presidenciales conllevarán para las futuras generaciones. Porque el despilfarro de recursos, la poca responsabilidad fiscal y el exceso de impuestos es deuda futura, para hijos y nietos, a costa de un supuesto goce presente. Y eso no es responsable, ni democrático ni justo

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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