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¿La aparición de la UP 2.0?

En mayo pasado, refiriéndose a una Nueva Mayoría sin la DC, su actual presidente, Matías Walker, aseveró que “sin la Democracia Cristiana, la Nueva Mayoría es una coalición de izquierda, es una especie de UP 2.0”. Y puntualizó que la DC solo apoyaría a Alejandro Guillier si lograba con él un acuerdo programático. Creo que el diputado tenía y tiene razón, y que el suyo debe ser hoy un temor compartido por muchos, toda vez que la DC, tras el 19N, respaldó sin condiciones el programa de Guillier.

La afirmación adquiere mayor vigencia ahora, cuando Sebastián Piñera y Guillier intentan seducir a sectores del electorado para llegar a La Moneda. Piñera aspira al respaldo del centro y a promover el reencuentro nacional. Guillier, por su parte, apunta a sumar a la izquierda más radical, es decir, al Frente Amplio, y para eso tiene que extremar su programa y trazar una división entre chilenos supuestamente nobles e innobles. Todo esto debe intentarlo tratando de conservar el voto DC, y en medio de una crisis en ese partido. Si Guillier se desplaza más hacia la izquierda, pierde el centro, y si trata de desplazarse al centro, pierde al FA. Debe decidirse ya.

“Obnubilada por llegar primero, la directiva de la DC no supo llegar para hacer valer su principal activo: su cualidad de dotar del atributo de “centro” a una izquierda que lo precisa en su etiqueta electoral.”

La percepción de numerosos democratacristianos está asociada hoy con la aguda aprensión que manifestó Walker en mayo. En caso de que triunfara Guillier, tendríamos, sin duda, el gobierno más izquierdista en Chile desde 1970. No se trataría de una UP 2.0, porque incluiría la presencia DC, dirán algunos. Y estarán en lo cierto. Pero también tendrán razón quienes afirmen que si en el actual gobierno la DC no fue escuchada por la Nueva Mayoría, menos lo será por uno de la Fuerza de la Mayoría, pauteado, respaldado y tolerado por el FA. ¿Por qué escuchar a una DC debilitada si los votos que Guillier necesita para llegar a la presidencia los administra el FA?

Con el apoyo incondicional a Guillier, la DC se propinó una estocada a sí misma, porque, como lo afirmó el dirigente comunista Juan Andrés Lagos esta semana, un eventual triunfo de Guillier depende del FA. Al apresurarse en respaldar a Guillier, la DC cometió un error que le costará caro ante un conglomerado hoy avasallador, la Fuerza de la Mayoría, que la necesita menos que antes. No se trata de llegar primero, sino de saber llegar, dice una canción mexicana. Obnubilada por llegar primero, la directiva de la DC no supo llegar para hacer valer su principal activo: su cualidad de dotar del atributo de “centro” a una izquierda que lo precisa en su etiqueta electoral.

Al toparse en un eventual gobierno de Guillier con una socialdemocracia debilitada y en crisis, la DC sería menos gravitante aún que en el de Bachelet. Lo que le espera lo mostró Guillier sin ambages: tras echarse sonriente al bolsillo el programa DC, salió a ofrecer al FA lo que este le exige para dejarse seducir: las cabezas del CAE y de las AFP, y la convocatoria a una asamblea constituyente y a plebiscitos surtidos si el Congreso se opone a “la voluntad del pueblo”. Guillier dio la bienvenida a Fernando Atria con el programa DC ya casi olvidado en el bolsillo.

Imagino que para muchos simpatizantes DC el panorama de estos días deprime: el partido impulsó la candidatura propia por discrepancias con la Fuerza de la Mayoría, y mientras se tensiona y amenaza con pasar al tribunal de disciplina a quienes voten por Piñera, termina sumándose en forma acrítica a una constelación de partidos que rechazó y que hoy busca con denuedo el visado de una coalición de fuerzas aún más izquierdistas.

Supongo que muchos DC no entenderán que su tienda, que ha sufrido un desgaste sostenido durante su colaboración con la izquierda en la Concertación y la NM, siga apostando a renacer y fortalecer su identidad en una alianza donde su voz se escuchará menos que en el pasado.

Es, pues, sintomática la afirmación de ideólogos de izquierda en el sentido de que ya no existe el centro político. Los mismos que en los últimos años debilitaron a la DC aislándola, intentan ahora darle un golpe de gracia diciendo que el centro es una ficción. El centro político ha sido uno de los nutrientes esenciales de la DC en su historia, y por ello el mensaje también es cruel: no solo implica regocijarse con la crisis DC, sino también insinuarle que su “enfermedad” carece de antídoto. La vieja izquierda se equivoca al ningunear hoy al centro para conseguir los votos de la nueva izquierda: el centro político es esencial y seguirá siéndolo para la estabilidad y la convivencia cívica del país.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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