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Hipócritas

En estos días ha sido posible apreciar un fenómeno que sin duda va ligado con el flujo incesante de información en las redes sociales, la hipocresía endémica del público. Por ejemplo, frente a la triste situación de miles de niños en la frontera con los Estados Unidos, muchos han dispuesto sus minutos de odio en la figura del blondo Donald Trump. Paradojalmente, parecen desconocer que la misma política de estado fue aplicada sistemáticamente por su carismático antecesor, Barack Obama. De hecho, en 2016 la detención de niños migrantes subió un 49%. Por otro lado, la hipocresía en las redes es tal que, al mismo tiempo que muchos expresan su desazón y claman por los DD.HH, pocos parecen reparar en lo que sufren miles de niños en otros países en guerra como en Siria, o en riesgo de hambruna como en algunos lugares de África y países cercanos como Venezuela. Porque en este último país sí hay hambre, aunque el alcalde Jadue haya tenido sus tres comidas diarias en un hotel, cuando estuvo allá. 26 niños han muerto por desnutrición según Cáritas y un 56% de los niños venezolanos sufre déficit nutricional.

“La prevalencia del prejuicio y la necesidad de odiar algo es tal en los tiempos actuales, que las personas pierden la perspectiva frente a su propia realidad y con respecto a los otros.”

 

La Humanidad nunca ha sido armoniosa sino brutal. Pero algunos parecen seguir creyendo que hubo tiempos en que los buenos salvajes compartían el alimento, las pieles y el fuego como una armoniosa fraternidad. Entonces, se espantan ante la brutalidad del castigo que los presos propinan a los culpables de asesinar a una mujer a palos en plena calle. Olvidan la suerte que tienen esos asesinos de ser protegidos por la policía y no morir desmembrados por la muchedumbre furiosa, tal como ocurría antaño en muchas sociedades hoy civilizadas y aún sucede en otros países donde la idea de estado de derecho, y con ello de presunción de inocencia y debido proceso, no existe. En esos lugares, o los cuelgan, los lapidan o los estrangulan, tal como ha ocurrido en países cercanos a Chile como Perú, donde un canadiense fue linchado hasta morir.

La realidad es cruda en muchas situaciones, impacta, sorprende. Lo paradójico es que en vez de permitir a las personas visualizar que a veces tienen una mejor situación y mayor suerte que otras almas en otros lugares del mundo, parece generar una desazón frente al mundo que es, antes que todo, hipócrita. La prevalencia del prejuicio y la necesidad de odiar algo es tal en los tiempos actuales, que las personas pierden la perspectiva frente a su propia realidad y con respecto a los otros. Entonces, desde la comodidad de sus hogares, el mundo es una basura. Desde el anonimato de sus aparatos tecnológicos, configurados para satisfacer sus burdos prejuicios y traumas, las personas creen que todos aquellos que opinan distinto a sus manías y teorías conspirativas u odiosas, son lo peor del mundo. Incluso algunos que hoy se espantan de la funa de los presos a los asesinos de una mujer, que dicen que la humanidad está mal, tiempo atrás justificaban el tumulto violento actuando contra un político contrario a sus prejuicios ideológicos. Puro doble estándar.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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