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Hacer de Chile “un país normal”

Antes de escribir esta columna me dediqué a ver un par de veces la entrevista de Tolerancia Cero con Alberto Mayol, precandidato presidencial del Frente Amplio. Me interesa no sólo entender sus planteamientos —que a ratos me resultan febriles, aunque ingeniosos—, sino también el modo en que los concretaría de llegar a La Moneda. Escuchar sus propuestas me hizo pensar a la vez en varias otras cosas.

La primera es la comodidad de la que goza un candidato que sabe que no tiene ni la más remota posibilidad de llegar a ser Presidente. Así critica a la derecha, a la izquierda moderada y al centro, y también al proyecto de Beatriz Sánchez, que califica de “liviano”. Por otro lado, acusa de traición a la Concertación; afirma que sólo existen dos proyectos políticos (el suyo y el de la oposición); esboza como un mesías el futuro del país; y promete beneficios y “salarios justos”, sin decir cómo los financiará. Asimismo ofrece permutar territorio a Bolivia, anuncia que nacionalizará y expropiará empresas, construirá un tren de alta velocidad por todo Chile, que cancelará y refundará al país, y que tendremos —en suma— “un nuevo país”.

“El rasgo principal del pensamiento autoritario de izquierda y derecha se basa precisamente en eso, en creer que se lleva la verdad revelada bajo el brazo, que la inmensa mayoría está equivocada y no discierne, y que uno es el redentor de esa masa adormecida, anestesiada o estúpida que hay que guiar.”

Saber que uno no tendrá que darle la cara a la ciudadanía desde La Moneda a partir del 11 de marzo de 2018, ni tampoco deberá repartir recursos ultra limitados, permite actuar de un modo peculiar, cuando no irresponsable: prometer el oro y el moro, pero admitir tranquilamente que se carece de números; responder a preguntas concretas en “términos filosóficos” o con críticas a la persona del entrevistador; y hasta interrumpir a periodistas mujeres, el recurso machista más sofisticado y recurrente que existe. Pero también hay algo más: la innegable ventaja mediática de exhibirse más tarde como ex candidato presidencial de un país que —le guste o no a Mayol— brinda precisamente por sus avances democráticos, sociales y económicos una respetable notoriedad en la región, Estados Unidos y Europa a ex candidatos o ex Presidentes.

Debo confesar, además, que la entrevista me recordó a ratos las palabras de un ex diputado socialdemócrata alemán Freimut Duve, que atribuía el deseo de muchos de nuestros políticos por llegar a la Presidencia al hecho de que aquí se suele celebrar a los niños augurándoles que serán Presidentes. “Demasiados generales, pocos soldados”, decía el alemán. Pero Tolerancia Cero (en rigor, hubo bastante benevolencia hacia Mayol durante la entrevista) me hizo pensar también en los requisitos que establece la Constitución para postular al máximo cargo: tener la nacionalidad, treinta y cinco años de edad, y poseer las calidades necesarias para ser ciudadano con derecho a sufragio. En verdad, hoy la ciudadanía es menos exigente que nunca con los candidatos. Todo esto me llevó a concluir que las puertas al cargo están abiertas a todos, lo que habla del país y su democracia.

Me pareció sorprendente que Mayol (¿cuánto marca hoy en las encuestas?) afirme que quiere “hacer de Chile un país normal”. Cuando una minoría ínfima opina que la inmensa mayoría es anormal, no es tan grave, puede ser incluso un buen ejercicio académico, pero el asunto se vuelve delicado cuando esa minoría aspira al poder y a volvernos “normales” desde él. También sorprende su afirmación sobre quienes deciden no votar en las elecciones. A su juicio, no votan los que “no han entendido nada”. El rasgo principal del pensamiento autoritario de izquierda y derecha se basa precisamente en eso, en creer que se lleva la verdad revelada bajo el brazo, que la inmensa mayoría está equivocada y no discierne, y que uno es el redentor de esa masa adormecida, anestesiada o estúpida que hay que guiar.

Atractivo, aunque inviable, me pareció el devaneo del candidato con respecto a construir un tren de alta velocidad de Arica a Puerto Montt (también habló de uno turístico por la Patagonia, que es algo diferente), cuya infraestructura se financiaría con los fondos de pensiones de los chilenos, que hoy administran las AFP (a las que antes habría que eliminar). Mi inquietud es que los datos revelan que los trenes europeos y de Estados Unidos generan déficits multimillonarios. Los contribuyentes alemanes, por ejemplo, están aportando en estos años € 2,400 millones para salvar lo que deben ser los trenes mejor administrados de Occidente. Me huelo que en Chile esos fondos pasarían a ser arrollados por las ruedas del tren de alta velocidad (imagino que estatal) de Mayol, y que cruzarán zonas de escasa densidad poblacional. Un país que aún no logra organizar el Transantiago y que presenció el auge y la caída del tren de Ricardo Lagos, ¿se propone ahora un tren mucho más ambicioso? Esto es tirar al océano a quien no flota en una pileta. Mayol no sabe cuánto costará algo así, ni si se necesitará doble vía en el norte, pero planea financiarlo con los fondos de pensiones, y quiere además subvencionar el transporte de los pasajeros de ese tren pasando la carga de los camiones a los rieles.

Pero la entrevista aportó más suspenso. El académico anunció expropiaciones y nacionalizaciones. Se nacionalizarán Soquimich y El Mercurio (para fundar una BBC chilena, según pude entender) y se expropiarán las empresas consideradas “estratégicas” por su programa. El Estado chileno adquirirá 20% de las empresas estratégicas para imponer el bien común. ¿De dónde saldrán los recursos? Mayol admite que, en caso de que las empresas estratégicas no sigan los planteamientos del accionista estatal, el Estado podría usar sus recursos para obligarlas a cambiar de conducta. Asombroso cómo Mayol idealiza al Estado: para él es una instancia superior angelical y transparente, representativa, libre de corrupción y reparto político; y además es sensible, justa y sabe mejor que nadie qué es lo mejor para Chile y los chilenos.

Hay más: el académico anunció que bajo su Gobierno impondrá límites a los sueldos y salarios: en ninguna empresa el sueldo máximo podrá  superar en 15 veces al menor. Uno puede imaginarse lo que ocurre en este caso si una empresa consigue a un experto top con un sueldo top: tendrá que elevarle el sueldo a sus empleados, más allá incluso de su capacidad de pago y los niveles del mercado. Y si comenzara por la base y estableciera que no puede haber un sueldo que sea 15 veces superior al menor salario, se producirá un éxodo de altos ejecutivos del país. ¿Sabrá Mayol que en numerosas ramas es usual que los profesionales circulen en el mundo siguiendo sus legítimos intereses y las mejores condiciones para ellos y su familia?

En Tolerancia Cero el candidato anunció más medidas radicales: aquellas empresas que no apliquen la paridad de género serán amonestadas y multadas en un inicio y, finalmente, expropiadas. En fin, no puedo entrar en cada uno de los aspectos de su programa (que invito a leer, porque expresa sin tapujos el objetivo actual de la izquierda jacobina chilena), pero sí manifestar que cuando a Mayol se le pregunta por su proyecto, dice que se nutre de las experiencias exitosas logradas por los más diferentes países. Se trataría de articular experiencias, suponiendo que se dejan fusionar con independencia del nivel de desarrollo económico, social, tecnológico o cultural de los países, por no hablar de su clima o geografía. Sí, para Mayol todas las experiencias positivas —sean de Cuba, Turquía, China, Ecuador, Francia, Venezuela, o el país que sea— calzarían tan bien como las piezas de un rompecabezas.

Es la mejor forma para hacer de Chile “un país normal”, según el académico, que dice confiar en su proyecto porque supuestamente es la primera vez que existe acá uno alternativo al de la derecha. Hasta ahora los Gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, a los que acusa de haber traicionado al pueblo, han sido meros proyectos de derecha. “Nosotros tenemos un proyecto. Parece tonto, pero es un proyecto de país para el futuro”, afirmó Alberto Mayol en Tolerancia Cero, pero no descartó que, bajo ciertas condiciones, el Frente Amplio apoye a Alejandro Guillier en caso de que éste llegue a enfrentarse en segunda vuelta con Sebastián Piñera.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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