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Guillier refleja la crisis de la izquierda

Es injusto culpar a Alejandro Guillier por carecer de ideas, rumbo y liderazgo. Injusto es también atribuirle responsabilidades por la pérdida de tracción de su candidatura. El senador, que en un tiempo fue el periodista que gozaba de mayor credibilidad en Chile, tampoco es responsable de que estén desguazando su navío. La culpa no es de él, sino de la Nueva Mayoría, huérfana hoy de ideas, visión de futuro y proyecto nacional. Más de lo mismo para los mismos en el poder, no seduce ya a muchos.

La NM debe ser más justa en su análisis con la persona que hasta hace sólo un par de meses vio como tabla de salvación para conservar el poder tras el decepcionante segundo Gobierno de Michelle Bachelet. La coalición que escogió como presidenciable a Guillier (reducida sin la DC a una Unidad Popular 2.0), más que ver la paja en el ojo de su candidato, debe ver la viga en el propio: es la NM la que no tiene ideas, rumbo, relato, unidad ni visión de futuro, y Guillier sólo proyecta como individuo ese déficit y crisis de identidad de su sector.

“Los déficits de Guillier no son sólo de él, sino también los de una izquierda en crisis, sin narrativa, proyecto ni identidad.”

¿Qué quiere hoy esa izquierda chilena que emergió de una metamorfosis parcial de la por varios años exitosa Concertación? ¿Qué contenidos enarbola más allá de su obsesiva fijación por atacar a Sebastián Piñera, por retrotraer a Chile a la ya extinta disyuntiva Allende-Pinochet o Pinochet-democracia? ¿Más allá de exigir igualdad en un Gobierno en el que ella ha crecido y más allá de manifestar en contra de qué está, en lugar de definir concretamente el Chile que quiere construir?

Es una tarea difícil, desde luego, y pareciera no haber a estas alturas en la NM ni líderes ni intelectuales con ganas de aclarar la película. Advierto mucha confusión. De partida, Guillier, un independiente bajo el alero de la NM, tiene de portavoz a una diputada comunista. ¿Sabrá el senador que los comunistas en la Cuba de hoy y los ex países socialistas persiguen/perseguían con ferocidad a masones como él? ¿Y cómo se articula una izquierda donde hay socialdemócratas alicaídos, pero abundan izquierdistas jacobinos que no pueden condenar a la dictadura de Nicolás Maduro ni a la de Kim Jong-Un, y que celebran a la Cuba castrista, mientras la DC (a la que se invita a volver al redil) anuncia que es una alternativa atractiva para derechistas “no-piñeristas”, poco después de que su presidenta definiera a su tienda como partido “con domicilio en la centroizquierda”?

Como si fuera poco, la NM cuenta también con un flanco abierto por la izquierda: el Frente Amplio, cuya candidata presidencial desplazó en reciente encuesta a Guillier del segundo lugar. El FA acusa al oficialismo de haber administrado en una democracia restringida el modelo de Augusto Pinochet, ante lo cual la NM reaccionó de forma dura. Sin embargo, insiste en la necesidad de encontrarse con el FA y la DC en una segunda vuelta electoral para impedir la victoria de Piñera. Faltando cuatro meses para las presidenciales y, en medio de las tensiones entre estas fuerzas, cuesta imaginar que logren acordar un programa viable, sólido y responsable para el país.

“La culpa no es de él, sino de la Nueva Mayoría, huérfana hoy de ideas, visión de futuro y proyecto nacional.”

Al parecer, la única buena noticia reciente para la NM fue la escasa movilización de adherentes que logró el FA en primarias, apenas 300.000 votos (lo que no explica, por cierto, la popularidad de Beatriz Sánchez en encuestas). Ese caudal de votos debe haber inducido a reflexionar a muchos en la NM que aún tienen alma concertacionista: ¿Fue adecuado sacrificar a la Concertación cuando quienes estaban a su izquierda y se declaraban inmensamente insatisfechos con el modelo eran tan pocos? A muchos les pareció entonces que estaban ante un movimiento mayoritario, permanente y con capacidad para echar a andar la retroexcavadora y transformar radicalmente a Chile. Supongo que muchos en la NM deben preguntarse hoy si valió la pena arrojar por la borda a líderes, historia, valores y concepciones de la Concertación por algo que parecía más de lo que era.

Si la NM desea hacer un buen papel en las próximas elecciones y no quedar en la historia como un movimiento que no sobrevivió a su propio primer Gobierno, debe brindar un trato más digno a Guillier, que en su momento fue la única manija que encontró para seguir en el poder. Defenestrarlo como a Ricardo Lagos constituiría un error letal. Los déficits de Guillier no son sólo de él, sino también los de una izquierda en crisis, sin narrativa, proyecto ni identidad.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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