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Feminismo y capitalismo

La actual ola feminista me recuerda a los antiguos ecologistas. Los de 2011. Durante esos días, el ecologismo en Chile alcanzó niveles de violencia y popularidad parecidos al feminismo de hoy. Los “buenos” dividieron a la sociedad entre ellos, los que estaban en contra las represas en Aysén, y los “malos”, todo el resto: desde los que tenían las mínimas dudas hasta, obvio, los que estaban a favor. Así, de repente, de un día para otro, todos eran expertos en biodiversidad y estaban completamente seguros de que las represas eran un desastre, lo peor para el país.

Recibí demenciales insultos por mostrarme, a veces, escéptico. Lo peor era cuando ese fanatismo venía de amistades y conocidos completamente incapaces de diferenciar un chincol de un caiquén y que, de repente, de un día para otro, entendían todo y se habían convertido en amantes de la naturaleza. Marchaban y gritaban por la Alameda. ¿Dónde están ahora? ¿Por qué no hay marchas y desmanes por Dominga, un proyecto fácil de considerar —aunque siempre discutible (perdón por la inseguridad)— como mucho más desastroso ambientalmente que las represas? ¿Por qué no marchan por el picaflor de Arica, a punto de extinguirse para siempre de esta tierra? No está de moda. Por ahí andarán, en el feminismo o en el Citibank.

Cuestiones parecidas pasan hoy. Reivindicaciones femeninas completamente justificadas quedan en manos de voceras y monigotes que son un insulto a la inteligencia humana. No adherir a ellos no sería un error, sino una herejía. Y no se dan cuenta de que con sus petitorios ridículos, censuras totalitarias y esgrimir que el “debido proceso” es un resabio patriarcal lo único que hacen es debilitar al movimiento y darles argumentos a machistas y reaccionarios. Argumentan que serían válidos por la ley del péndulo. Pero por esa misma regla, ¿acaso habría que callarse cuando se cree que el péndulo va hacia arriba?

“Es normal que les dé rabia que las ideas liberales, y no las socialistas, hayan emancipado al ser humano, reducido la pobreza y liberado a las mujeres. Pero no es para enojarse tanto.”

Una cuestión menos delirante, aunque de moda, es echarle toda la culpa al capitalismo. Vaya novedad. ¿Es culpa del capitalismo la violencia intrafamiliar? ¿Es culpa del capitalismo la demencia y conservadurismo del jefe que no le paga igual a una mujer por el mismo trabajo que a un hombre? ¿Son culpa del capitalismo las “corridas de mano”? Obvio que no. ¿O acaso los selk’nam eran capitalistas? Todo eso es simplemente machismo. Es pensar que una mujer es subordinada al hombre y pensar que tiene roles o trabajos definidos en la sociedad. Y eso se va a ver reflejado —como efectivamente ha ocurrido— en una monarquía, en una tribu, en el socialismo y en el capitalismo. En cada uno a su manera. ¿O acaso es culpa de las araucanas que los humanos apaleen a los pulpos? Es normal que les dé rabia que las ideas liberales, y no las socialistas, hayan emancipado al ser humano, reducido la pobreza y liberado a las mujeres. Pero no es para enojarse tanto.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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