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¿Eunucos económicos?

En Chile predomina cierta imagen ennoblecida del funcionario estatal, como un sujeto que se limita a cumplir sus tareas por el simple hecho de querer favorecer el bien común. En ese afán no habría otra cosa que vocación sincera por el servicio público, por servir a los demás y no servirse a sí mismo. Claramente, esta idealización del funcionario responde a la creencia que presume que en el ámbito estatal, a diferencia del ámbito privado, las labores no están mediadas por la obtención de ganancias ni el lucro, sino por el compromiso desprendido. Pero esto carece de sustento, si consideramos que los burócratas son seres humanos con intereses, apetitos y ambiciones, como cualquier persona que busca ingresos a través de la oferta y demanda en los mercados. La diferencia es que lo hacen a costa de su pertenencia a la burocracia estatal.

El alto número de militantes de partidos políticos de la Nueva Mayoría instalados en diversos organismos estatales, en calidad de planta y a contrata, demuestra que los funcionarios tienden a convertirse en cazadores de renta. Es decir, que lucran y se aseguran ingresos extendiendo el aparato estatal. Porque de la creación de nuevas oficinas, organismos y cargos se benefician correligionarios, compañeros y camaradas, idóneos o ineptos, da lo mismo. Lo clave es asegurar una tajada de la torta y pagar los favores políticos respectivos. ¿Beneficios para los ciudadanos? Para nada. Por ejemplo, en el Sename, cuyo servicio es deficiente en todo sentido, un 41,1% de militantes de partidos del actual gobierno tiene dotación de planta. ¿Qué mejora ha tenido el servicio? Ninguna. ¿Qué mejora se puede hacer a un servicio que tiene a parte de su dotación apernada en el cargo? Ninguna.

“los militantes y funcionarios estatales no son eunucos económicos… también les gusta la plata.”

El Estado es una caja pagadora de favores políticos de los partidos, que son verdaderas agencias de empleo. Por eso, son pocos los partidos políticos que proclaman la reducción de la burocracia estatal, y muchos los que promueven la creación de más agencias y oficinas. Total, todos esos sueldos los costean los ciudadanos con sus impuestos, en nombre del servicio público, la lucha por la igualdad, derechos sociales o lo que sea. Ahí está el caso de Javiera Blanco, nombrada por la Presidenta Bachelet como miembro del Consejo de Defensa del Estado con sueldo millonario, que siendo ministra de Justicia infringió los estatutos administrativos de ese mismo Estado, al influir indebidamente en la contratación de algunas personas ligadas a su círculo político. Hay muchos casos actuales donde los funcionarios, civiles o militares, han parasitado del erario. Y es que, como decía crudamente Bastiat: “El Estado es la gran ficción en donde todo mundo trata de vivir a expensas del resto”.

James Buchanan planteaba que “la mitología del burócrata sin rostro”, y sin intereses, no resiste las pruebas de la lógica. El problema es que las personas siguen creyendo que los funcionarios “públicos” son seres inmaculados, una especie de sacerdotes seculares sin deseos, que les prometen más servicios y bienes a cambios de acrecentar la burocracia del Estado.

Ahora la promesa que hacen los promotores del monstruo filantrópico son los derechos sociales, que supuestamente traerán más beneficios para las personas. La verdad es que más Estado implica más beneficios para los burócratas, que podrán obtener más ganancias a costa de exprimir a los contribuyentes. Por eso, no olvide que los militantes y funcionarios estatales no son eunucos económicos, y que también les gusta la plata. El detalle: es plata que usted aporta mes a mes a través de los impuestos.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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