Google+ Encadenadas que Encadenan | Fundación para el Progreso "/> http://fppchile.org/es/feed/rdf/
Dona

Encadenadas que Encadenan

“No quiero tu piropo, quiero que te mueras”, “educación no sexista, feminista y contra la violencia machista”, “alerta, alerta, alerta machista, que todo territorio se vuelva feminista”. Las anteriores son algunas de las frases que hemos escuchado en las últimas manifestaciones en contra de lo que hoy conocemos como violencia de género. Sin embargo, surge la duda de si el comportamiento crispado e intransigente llevado a cabo en estas últimas semanas por cientos de estudiantes no es también una expresión de una supuesta violencia machista. Es decir, las propias mujeres que dicen combatir este tipo de actitudes replican aquello en sus propias vindicaciones. ¿No estamos ante una expresión más de esa supuesta violencia estructural cuando las mujeres que se arrogan el mando contra la violencia ejercida hacia su sexo, agreden e insultan a otras por no compartir su visión y métodos?

Este feminismo excluyente y radical no es por el que deberíamos estar dando la pelea, sino por uno que sea capaz de reconocer que lo que se considera como cultura machista no es solamente cosa de hombres, sino de ambos sexos. Por eso parece contradictorio que un grupo de mujeres se atribuya la vocería de todas las demás como si no existieran otros caminos con respecto a las reclamaciones feministas. Porque entonces se tornan totalitarias.

“Bajo el supuesto de buscar la libertad, nos estamos atando aún más al supuesto círculo vicioso del cual se quiere escapar: depender de otro para hacernos valer.”

No estoy de acuerdo que, bajo la excusa de desencadenar al sexo femenino, nos encadenen aún más a un determinado discurso, y peor aún al Estado. En primer lugar, nos encadenan a un mensaje de división, odio y confrontación, en el cual los hombres son los “explotadores” y nosotras las mujeres, las “explotadas”. En segundo lugar, ¿no parece contraproducente el hecho que se deje de lado totalmente la responsabilidad individual al ceder el conjunto de los intereses a un ente como el Estado que, por cierto, está conformado en su mayoría por hombres? Bajo el supuesto de buscar la libertad, nos estamos atando aún más al supuesto círculo vicioso del cual se quiere escapar: depender de otro para hacernos valer. ¿Es esta la libertad que buscamos?

María Blanco, reconocida liberal y autora del libro “Afrodita desenmascarada”, plantea que a través del tiempo las mujeres nos hemos ido cubriendo con velos, esencialmente tres: miedo y sometimiento al qué dirán, la constante cesión de responsabilidades, y la gran cantidad de complejos con nosotras mismas, este último más que nada frente al hombre. Me gustaría clarificar a qué se refiere la autora con la cesión de responsabilidades que hemos hecho las mujeres a lo largo de la historia. Durante mucho tiempo fueron nuestros padres o con quien decidimos compartir nuestras vidas los que decidieron por nosotras en distintos ámbitos. Hoy, paradojalmente, algunas de nosotras pretenden que sean algunas de ellas las decidan cómo debemos vestirnos, actuar o relacionarnos con los hombres.

“Debemos tomar conciencia de que el problema de la violencia nos atañe a todos y por lo mismo corresponde atacarlo como sociedad.”

Me gustaría hacer un llamado al sentido común. Dejando nuevamente en claro que ningún tipo de violencia es justificable, tampoco lo son las razones que dicen sustentar las últimas acciones realizadas por grupos feministas. Esto no es una guerra. No todos los hombres, únicamente por el hecho de serlo, son abusadores, ni todas las mujeres, solo por el hecho de serlo, son abusadas. Debemos tomar conciencia de que el problema de la violencia nos atañe a todos y por lo mismo corresponde atacarlo como sociedad: en los colegios, familias, grupos de amigos, en el trabajo. Promoviendo el respeto, no la confrontación. No lograremos superar esta realidad, ni mucho menos la violencia hacia la mujer, fomentando el odio hacia el opuesto. Es necesario despojarnos de estas máscaras para desencadenarnos de aquellos viejos hábitos, como el autoritarismo y la intolerancia, para realmente entender cuál es el verdadero sentido de esta situación, y no dejar en manos ajenas nuevamente la dirección de los anhelos de cada una de nosotras. Sin ser juzgadas ni por hombres ni por mujeres.

 

 

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta noticia:

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *