Empleados ¿públicos?

Señor Director:
 
Sugiero dejar de utilizar el eufemismo “empleados públicos” para referirse a los empleados estatales. Lo que hemos visto ya en varias ocasiones, y se confirma en los últimos días, es que estos persiguen su interés como cualquier privado con la diferencia de que al manejar monopolios absolutos en varios de los servicios que ofrecen, pueden, con el fin de incrementar su lucro personal, extorsionar utilizando de rehenes a todos los ciudadanos si es necesario.
 
Es hora de que superemos la ficción según la cual el Estado es un ente abstracto encargado de servir el bien común y veamos la realidad como es. El escándalo de las remuneraciones en el Estado, las que superan con creces a las del sector privado, es la mejor prueba de que el Estado lo integran esencialmente grupos de interés que buscan maximizar sus beneficios. Quienes las reciben pueden intentar justificarlas de mil formas, pero lo cierto es que la mayoría de ellos, si tuviera que enfrentarse a la realidad del mercado; es decir, a ser pagados de acuerdo con su productividad real, jamás obtendría los salarios que obtienen con cargo a todos los chilenos. Lo mismo vale para todos los amigotes y parientes de políticos beneficiados con contratos y asesorías truchas.
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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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