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El infantilismo del diputado Boric

En Chile el aire está pasado a tirados a revolucionario, no solo hay profesoras encapuchadas tirando molotov y concientizando a sus alumnos en la violencia política y el socialismo fracasado, sino que algunos son diputados, pero como decía tiempo atrás Rafael Gumucio son reflejo de un “izquierdismo estético (¿histérico?) que prefiere las canciones a los libros y las rimas a los hechos”.

Gabriel Boric, el arcángel para Alberto Mayol, es un ejemplo claro de este semblante, de chaqueta verde olivo y corte mohicano hípster que, como tiempo atrás ocurría en la 11C, con cánticos prácticamente infantiles declaran ser herederos de Fidel Castro, Chávez y Che Guevara.

La visita, hasta hace poco secreta, del diputado del Frente Amplio a Ricardo Palma Salamanca, responde claramente a este infantilismo estético de la nueva izquierda chilena que prometía nuevas formas de hacer política, que sin embargo muestra una visión brutalmente frívola frente a la violencia política bajo la excusa de entender cada proceso, tal y como justificó Gabriel Boric su reunión con un prófugo de la justicia chilena. Quizás podría reunirse con Nancy Michelle Kendall, a la que el “luchador social” le cortó un dedo para presionar el pago para poner fin a su secuestro.

Este izquierdismo estético e infantil se aprecia de forma explícita en algunos estudiantes secundarios, que acaso aleccionados por sus profesores nostálgicos de la lucha armada y el Frente, juegan disfrazados con overol blanco a ser miembros de los Khmer Rouge o la Rote Armee Fraktion. En el fondo, son el reflejo de lo que Ortega y Gasset llamaba el síndrome del señorito satisfecho, cuyas vidas se tornan pura representación o ficción de otras vidas y que “Tiene solo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga”. Son snobs de la revolución.

George Orwell, en un notable ensayo titulado En el vientre de la ballena, donde criticaba la idolatría y condescendencia de la izquierda británica con las purgas, el gulag y los juicios sumarios de la dictadura de Stalin, decía: “Para esa gente, cosas tales como las purgas, la policía secreta, las ejecuciones sumarias, las detenciones sin juicio, etc., son demasiado remotas para ser aterradoras. Se pueden tragar el totalitarismo, ya que no tienen ninguna experiencia de nada, excepto de liberalismo”.

Esa ceguera que describía el escritor británico puede llevar a considerar como un héroe a un secuestrador y extorsionador, tal como parece ocurrir con Gabriel Boric quien, al igual que la mayoría de la nueva izquierda hípster, parece vivir cómodamente en el vientre de la ballena.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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