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El Gobierno y el autoritarismo chino: ¿una relación de complicidad?

El presidente Piñera se refirió al Partido Comunista chino que provocó polémica: “cada uno tiene el sistema político que quiera”, un discurso muy similar al que el Presidente Xi Jinping, dio a los 40 años de las reformas a fines del año pasado: “nadie le puede decir a China qué hacer”.

Es una frase desafortunada, porque da a entrever cómo el gobierno chino ha logrado manipular a opinión política, empresarial pública de Chile en los últimos años, con una estrategia de penetración silenciosa, de Sharp Power. Buscando hacer al país transar la democracia, cuando puede obtener beneficios en retorno. China busca comprar nuestros corazones diciéndonos que es un país seguro y pragmático, que se preocupa por sus aliados y que invierte en ellos… pero a cambio de cierta lealtad y dependencia. Esa dependencia se profundiza cada vez más, y se ve desde a dónde van nuestras exportaciones hasta con quien preferimos aliarnos.

Al defender al represivo sistema autoritario Chino, el presidente Piñera nos da una señal preocupante: lo débil que puede ser su convicción democrática, cuando se trata de países con más poder. Si bien el sistema chino es funcional, es necesario entender que, desde la libertad de prensa hasta incluso algunas áreas económicas, siguen limitándose sistemáticamente los derechos de los ciudadanos, y es una influencia que se ha difundido al mundo.

“Es necesario replantearnos realmente nuestra posición sobre, no solo China, sino todos los gobiernos autoritarios del mundo.”

Las palabras del mandatarios son polémicas, además, debido a la posición del gobierno (hace un mes) sobre la crisis en Venezuela, país que además es una de las principales víctimas de la trampa de la deuda China y cuyo “dictador”, Nicolás Maduro, es defendido por el gigante asiático. Algo similar pasa con Cuba y Nicaragua.

De ese y otros ejemplos surge la pregunta ¿Cómo apoyar un sistema y autonomía de gobierno (chino) que clama la “no intervención”, pero apoya y financia a gobiernos autoritarios, acorrala a sus rivales diplomáticamente (Taiwán) y extiende su poder por todo el mundo?

Es necesario replantearnos realmente nuestra posición sobre, no solo China, sino todos los gobiernos autoritarios del mundo. No se trata de cerrar lazos económicos, que muchas veces son realizados por privados, ni cortar totalmente relaciones, sino ser escépticos y críticos a dichos poderes que reprimen y censuran a sus ciudadanos, y no dejarse “influenciar” irreversiblemente.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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