El encanto del dragón: la estrategia china de influencia en América Latina

Conceptos clave

Hard power: el hard power o «poder duro» es la capacidad de obtener los resultados esperados mediante la coerción o el pago. El poder económico y el militar son típicas manifestaciones de hard power.

Soft power: acuñado como término en la década de los ochenta por el estadounidense Joseph Nye y referencia teórica relevante en la actualidad, el soft power —o  «poder blando»—, se refiere a la capacidad de un país para persuadir o atraer a otros sin utilizar fuerza, pago o coerción. Los pilares del soft power son los valores políticos, la cultura y la política exterior.

Smart power: es la combinación del hard power de la coerción y el pago con el soft power de la persuasión y la atracción. Para Nye, un país exitoso o capaz de utilizar el smart power necesita tanto soft como hard power. Esto para presionar (militar o económicamente) a otros e influir en sus actitudes y preferencias a largo plazo[1]. Así, el smart power es la capacidad de utilizar todos los recursos diplomáticos de un país, como el poder económico, el militar, la persuasión, las relaciones públicas y la sociedad civil, con el fin de influir en otros países y lograr reconocimiento internacional[2]. Estados Unidos ha sido uno de los principales exponentes de esta estrategia[3].

Diplomacia pública: es una herramienta para dirigir los esfuerzos diplomáticos desde y hacia actores extra-gubernamentales, ya sean medios de comunicación, instituciones de la sociedad civil, personas interesadas, actores empresariales, etc. Los objetivos de la diplomacia pública apelan a la asimilación de valores y elementos culturales. Entre los medios más comunes cuentan   los centros de aprendizaje de lengua e intercambio cultural[4], los esfuerzos de imagen-país, entre otros.

Sharp power: es la estrategia de influencia utilizada por los países autoritarios para incidir en el extranjero. Se le confunde frecuentemente con el soft power, pero el sharp power se distingue principalmente por la entrega de una imagen distorsionada, la coerción y la manipulación. Estas acciones normalmente implican millones de dólares de inversión para guiar la opinión internacional y se utiliza la autoridad (a veces totalitaria) para lograr sus objetivos. Esto puede ser por medio de la censura y la supresión del pluralismo político. Este método escala a todos los niveles de diplomacia, desde los ciudadanos en el extranjero hasta el nivel diplomático formal[5].

 

1- Introducción

Chile vive un momento decisivo en sus relaciones con China. El país asiático, como mencionó el excanciller Heraldo Muñoz, ha pasado de ser un estado con una estrategia pasiva a un actor activo en América Latina[6]. Ha logrado marcar su presencia en en la región de manera lenta, pero eficaz. Su cercanía por el Pacífico y su imagen «solidaria» han sido elementos que han contribuido a este proceso, que no es solo económico, sino también cultural, político e incluso institucional.

En Chile, esta presencia se puede ver en hechos como el aumento de la participación china en licitaciones públicas de proyectos de infraestructura[7], que en otros países han sido controversiales por su transparencia y calidad cuestionables; la llegada «masiva» de empresas chinas (y sus adquisiciones de capital); la instalación de los institutos Confucio, programas radiales y escuelas de idioma y los esfuerzos publicitarios en general.

“el centro de gravedad del poder global, antes entre ambas costas del Atlántico Norte, se ha ido desplazando hacia el Asia Pacífico, a las «nuevas» potencias asiáticas”

En el tiempo, la percepción de los ciudadanos chilenos sobre la presencia del gigante asiático es positiva, al menos según una reciente encuesta de Cadem que develó un punto interesante: la mayoría de los chilenos prefieren aliarse con China, un régimen autoritario y represivo, (51%) antes de hacerlo con los Estados Unidos[8]. Por otro lado, las reuniones en China y luego palabras del presidente Sebastián Piñera “cada uno tiene el gobierno tiene el sistema político que quiera” son, entre otros ejemplos, señales del impacto que la influencia china ha tenido en el país, y de cómo reaccionan las autoridades frente a su presencia[9].

Esta discusión se trata, principalmente, del poder. El siglo XXI ha traído importantes cambios en ese aspecto. Uno es que el centro de gravedad del poder global, antes entre ambas costas del Atlántico Norte, se ha ido desplazando hacia el Asia Pacífico, a las «nuevas» potencias asiáticas, como Singapur, la India y Corea del Sur. O emergentes y poderosas economías como China, una de las grandes protagonistas de este proceso y también un «dragón» que despierta y está desafiando a países históricamente dominantes[10].

 

1.1 El despertar del dragón

China, por siglos un «gigante dormido», quiere volver a su época dorada, a los años donde las leyes confucianas y la Ruta de la Seda marcaron el desarrollo del mundo conocido. Por casi un milenio fue la cuna de la civilización, el centro del comercio, de la ciencia y de importantes avances prácticos. Sin embargo, el país cayó en decadencia. Su política imperial, cerrada y desconectada de los avances extranjeros, además de su enfoque educativo fuertemente centrado en la tradición, provocaron que la nación se quedara atrás de los procesos de revolución científica e industrial[11].

Con el tiempo, se transformó en una nación debilitada y fragmentada. En su época más vulnerable chocó con Occidente mientras este buscaba expandirse comercialmente hacia el Asia con las campañas de colonización.

Al periodo comprendido entre 1842, con la llegada de los ingleses y las guerras del opio, y las primeras décadas del siglo XX, con la caída del imperio, se le llama «el siglo de la vergüenza»[12]. Estos años fueron conflictivos y políticamente inestables. Tras la guerra civil entre los nacionalistas y los promotores del comunismo, el país acabó dividido tras la fundación de la República Popular China (RPC), bajo la dirección de Mao Zedong. Los primeros años de su régimen fueron traumáticos para la nación. Aunque el líder ya tenía como objetivo lograr el «despertar del dragón», sus políticas provocarían una profunda crisis interna por falta de recursos y fuerte adoctrinamiento. Su sucesor, Deng Xiaoping, tenía una visión distinta y mucho más pragmática. Así, comenzó un proceso de apertura en 1978. ¿El objetivo? Lograr competitividad internacional y progreso económico sin comprometer la autoridad del Partido Comunista y el gobierno centralizado. El “socialismo con características chinas” -tuvo resultados. Hoy, el dragón es una de las principales economías del mundo, superada solo por Estados Unidos, pero creciendo a una escala mucho mayor (sobre 6% al año, mientas que EEUU crece a menos de 3%)[13]. Tiene poder global, tecnológico, económico y militar, así como grandes ambiciones de influencia  a gran escala.

China ha lanzado una campaña global basada en la penetración cultural, lenta y en todos los sectores, desde autoridades, empresas y cámaras de comercio hasta las comunidades locales y migrantes en el mundo. A este sistema le llaman «diplomacia cívica», «diplomacia del pueblo» o, desde el siglo XXI, «diplomacia multidireccional» o multipolar[14]. También se lo relaciona con la “people-to-people diplomacy”, pensando en la misma colaboración integral[15].

“¿Deben las democracias del mundo alarmarse por este avance, o considerar la experiencia económica de China de manera separada a las intenciones de su gobierno?”

¿Cómo funciona? Creando distintos polos de influencia para instalar una narrativa que sitúe a China proyectando la imagen que el gobierno desea: un país preocupado por la sustentabilidad, el avance científico, el desarrollo de economías emergentes y el crecimiento del mundo. La idea es que este perfil, en el mediano plazo, los ayude a establecer inversiones y alianzas, además de apoyo para sus campañas internacionales, como la anexión de Taiwán o la reconstrucción de la Ruta de la Seda. Dicha estrategia ha funcionado, especialmente, en las economías emergentes, resultando experiencias como BRICS[16] o la cumbre China-Celac en América Latina (desde 2014)[17]. De ahí la pregunta: ¿deben las democracias del mundo alarmarse por este avance, o considerar la experiencia económica de China de manera separada a las intenciones de su gobierno?.

Consideramos que, si bien otros países despliegan y han desplegado estrategias «blandas» para afianzar sus relaciones económicas con otras naciones e influir, lo que debe preocupar de China es su falta de compromiso con los derechos humanos, su relación simbiótica y de complicidad estado-empresas[18] y su agenda autoritaria. Y, por supuesto, el choque de esto con los fundamentos de una sociedad libre y las instituciones y cultura de la democracia liberal.

Estos elementos no son tomados actualmente en consideración por muchas instituciones, especialmente de economías emergentes. En países desarrollados ya comienzan a encenderse alarmas. En el caso de ciertas licitaciones, procesos de relaciones bilaterales o incidentes relacionados a la influencia existen medidas concretas que buscan transparentar las intenciones del gigante antes de afianzar lazos, como se detallará abajo.

Para analizar el problema, proponemos usar un esquema basado en los elementos de la estrategia de Richard Rummelt, experto en estrategia y profesor de la Universidad de California, Los Ángeles. Estas son: diagnóstico, directrices y acciones coherentes.

 

2- Diagnóstico

La estrategia de China es clara y la ha desarrollado a escala global. Es la búsqueda por afianzar espacios culturales, asegurar la cooperación y lograr influencia a nivel de sociedad civil[19].  Su afán, es conquistar todos los ámbitos del «poder blando» para «resguadar» la cultura interna y proteger de la «influencia cultural» externa. En palabras del expresidente chino Hu Jintao, quien introdujo este concepto a la política del régimen en el 17mo Congreso del Partido Comunista Chino de 2007, «debemos potenciar la cultura como parte de nuestro poder blando”[20] Para esto, el mandatario ordenó: aumentar el desarrollo de medios de comunicación con visión del gobierno, manejar correctamente la cultura en internet, aumentar los programas culturales no gubernamentales e invertir en la industria intelectual[21].

Uno de los hitos más recordados en que el país demostró su poder económico, político y cultural se dio un año después, cuando China fue la sede oficial de los juegos olímpicos de 2008[22]. Esto le sirvió para abrirse al mundo, demostrar sus capacidades y presentar una cara propia  del país. Desde allí y con múltiples mecanismos, el país se ha enfocado en consolidar su prestigio internacional, y legitimar  su poder en la toma de decisiones.

Sin embargo, la real estrategia de China va más allá: se trata de la sharp power, gracias al cual el país realiza millonarias inversiones y extiende el impacto de su poder autoritario para manipular la opinión pública a su favor.

“existen presiones al orden liberal causados principalmente por una población desilusionada por los problemas de la democracia, sumergida en la inseguridad y en busca de respuestas.”

¿Cómo lo hace? Francis Fukuyama, en su visita a Chile, fue claro en su diagnóstico: existen presiones al orden liberal causados principalmente por una población desilusionada por los problemas de la democracia, sumergida en la inseguridad y en busca de respuestas[23]. China, aferrándose a la eficacia de su sistema, se muestra como una alternativa fuerte a las democracias liberales occidentales. Provee de seguridad, estabilidad y pragmatismo a sus socios, lo que además lo hace ver como un fuerte aliado comercial.

Además, ha logrado «desacreditar» las teorías del siglo XX, pensadas en la Guerra Fría, de que el libre mercado y las libertades económicas conllevan inevitablemente a libertades individuales y políticas. De hecho, la tendencia muestra que China está caminando hacia un autoritarismo más duro[24], aumentando las leyes de control, instalando nuevos campos de reeducación, limitando las garantías políticas de Hong Kong, obligando a que el mandarín se convierta en la única lengua, intentando volver a las raíces confucianas (la moral desde el Estado), y aprovechando las herramientas tecnológicas para controlar más a su población[25].

Esto se ha convertido en su tentador «encanto» o «atractivo». Y es una de las razones por la que no hay un juicio externo sobre sus políticas. La otra, por supuesto, tiene que ver con la creciente dependencia económica de los países emergentes por la demanda china y sus productos de alta tecnología[26].

 

2.1 La agenda de influencia

Como se ha expuesto, la idea de influir en otras naciones a través de una estrategia diplomática transversal está muy clara en la agenda del país[27]. Las relaciones económicas no son suficientes para asegurar la lealtad si no hay valores o una cultura compartida.

Es por eso que China ha generado una estrategia de influencia cultural que inicia con la directriz del Partido Comunista y termina con los ciudadanos expatriados en los países de destino de los intereses del gigante. Es decir, un nacionalizado chino en el extranjero debería responder a los intereses de su país y contribuir a su estrategia de influencia. Es lo que al menos dictan las leyes chinas que obligan a los ciudadanos en el extranjero a colaborar con la estrategia de influencia: Qiaowu.[28].

¿Qué armas utiliza China para influir? Instalación de centros de aprendizaje de idioma, acuerdos entre empresarios y cámaras de comercio, las representaciones civiles, la colaboración con medios de comunicación, inversión en obras cinematográficas[29], los acuerdos de cooperación en academia, investigación y desarrollo, las becas para estudiar en universidades en China, los acuerdos con programas de magister, entre otras herramientas. El discurso oficial dice que esto es para fomentar el desarrollo sustentable, la cooperación internacional y la paz mundial. Sin embargo, aún no firma la declaración universal de Derechos Humanos, la situación de Taiwán es preocupante y está tomando medidas cada vez más represivas contra su población, incluso en las zonas de administración especial, como Hong Kong. En resumen, China entiende que el poder es integral, que abarca las áreas en profundidad y que es multidimensional[30].

Lo anterior ya se ha probado en varias zonas geográficas: Estados Unidos (precursor del soft power) fue de los primeros en advertir sobre la penetración ideológica y sobre la importancia de entender las relaciones entre el régimen y los actores que en occidente consideramos «independientes»[31]. Fue seguido de otros como Australia, que ha impulsado iniciativas, e incluso restringido el ingreso de empresas por riesgos de seguridad[32]. Australia junto a otras naciones ha limitado la participación china en licitaciones relacionadas con el desarrollo del 5G por un posible compromiso de la información. Esto, por la obligación de firmas como Huawei o ZTE de entregar datos al Gobierno debido a las leyes chinas de inteligencia que los rigen y la complicidad de sus controladores con el gobierno[33].

En Europa ya se han encendido alarmas sobre la creciente presencia del dragón asiático, cuya inversión en el continente ha crecido 2.200% en 10 años. Por eso se evalúa constantemente cómo la estrategia diplomática ha logrado poner sus manos sobre la región. Un documento emitido por la Unión Europea estima que China es “un rival sistémico” y advierte que su expansión militar plantea cuestiones de seguridad para el Viejo Continente a corto y medio plazo. Se acusa al régimen comunista de alimentar el sobreendeudamiento (diplomacia de la trampa de la deuda) y de amenazar la estabilidad financiera de los países vecinos de la UE[34] . Por otro lado, en Africa se libra una batalla de influencia entre Estados Unidos, naciones como Japón y la potencia china, apoyada por sus empresas[35]. Esto tiene mucho que ver con la ambición de China de extender su nueva Ruta de la Seda.

En general, la estrategia de diplomacia pública funciona mucho mejor en países con economías emergentes, y esto se puede medir directamente en un aumento de la inversión extranjera directa (IED)[36].  Sin embargo, la penetración cultural no es siempre una estrategia pragmática para asegurar el estrechamiento de lazos comerciales, sino que para mejorar el apoyo a las políticas adoptadas por China.

 

2.2 El rol protagónico de América Latina

América Latina es uno de los principales objetivos de la estrategia china de penetración e influencia, pero los gobiernos y actores en la toma de decisiones (en los mundos de la empresa, de los medios, de la políticas y líderes de opinión, entre otros) no parecen dimensionar aún el alcance de dicho poder y los riesgos. O simplemente no lo ven como un elemento hostil. Es comprensible, China no es el único enfocado en lograr influencia por esta estrategia y las buenas relaciones conllevan un aumento en la inversión[37].

Además, hasta hace poco, China no se había visto dispuesto a intervenir en la política latinoamericana, y no parecía tener ambiciones más allá de la profundización de los intercambios económicos. Venezuela se ha convertido en una de las primeras alarmas en las que el país no solo ha dedicado grandes esfuerzos políticos, sino también una inversión muy superior a la de otros países de la región.

Los esfuerzos se han intensificado en los últimos años en la región. Se pueden ver, por ejemplo, desde 2014, año en que el presidente Xi Jinping visitó Brasil, Argentina Venezuela y Cuba, donde las reuniones tuvieron como resultado más de 150 contratos y acuerdos con dichos países, cuantificados en US$ 70.000 millones. Además, fue el año de consolidación del foro China-Celac, celebrado anualmente desde esa fecha[38].

El aumento de las relaciones con empresas y cámaras de comercio también es interesante. Es importante destacar que las firmas chinas, fomentadas por el gobierno, no cuentan con independencia, sino que son parte de la estrategia a cambio de ciertas facilidades[39].

¿Y en el ámbito cultural? Unos 20 países latinoamericanos fueron declarados como países de destino de turismo internacional para los ciudadanos chinos, es decir, el gobierno facilita y promueve la visita de sus ciudadanos a esos países, puesto que la burocracia para viajar es estricta. En casi todos los países de la región se han fundados centros de historia de las relaciones entre China y América Latina y centros de enseñanza del idioma chino (muchos ligados a universidades). Por otra parte, casi en todos los países latinoamericanos se fundaron institutos Confucio (en Chile hay dos, en Argentina el mismo número, en México cinco y en Brasil diez, por ejemplo). Estos tienen un rol tanto cultural como político, pues su objetivo es entregar una visión de China y su cultura a los ciudadanos extranjeros. Enseñan mandarín, realizan actividades culturales, académicas y de diplomacia entre personas. La idea de utilizar los institutos Confucio para hacer «contrapeso» a la influencia estadounidense fue introducida a principios del siglo por el embajador chino en Alemania, Lu Qiutian. Hoy, sus objetivos se han hecho explícitos y han provocado reacciones desde los países receptores, que acusan falta de transparencia en sus acciones[40].

Además, China invita con viajes pagados a periodistas para «ilustrarlos» sobre el país y para generar una visión más positiva de las acciones del régimen[41]. En América Latina, el «dragón» además ha hecho un esfuerzo para «colaborar» con medios locales y relacionarse con quienes producen la información, además de posicionar a sus medios propios, como la cadena de noticias Xinhua[42]. Por citar un ejemplo, en 2019, China abrió un programa de becas internacional para periodismo económico[43].

En cuanto a centros de estudio y think tanks, China ha promovido su creación e internacionalización como uno más de los elementos del sharp power, tal como el éxito económico o los avances tecnológicos. A estos se les llama «centros de estudio con características chinas», cuyo rol es ayudar a la toma de decisiones de actores de gobierno, empresarios o gestores. Uno de los más relevantes es el One Belt One Road (OBOR) think tank de la Universidad de Cambridge. Sin embargo, los centros de estudio y think tanks en China carecen de independencia y no pueden contrarrestar la opinión del gobierno, pues están fundados específicamente para potenciar las ideas oficiales del régimen[44].

La academia es también uno de los objetivos del dragón. De 2012 a 2017, China otorgó 5 mil becas a los países latinoamericanos para la enseñanza superior[45]. En Chile, por ejemplo, los nexos con universidades y relaciones con empresarios también han resultado importantes para mejorar las relaciones[46]. Un ejemplo claro es que la universidad de Tsinghua, (con la cual varias instituciones chilenas tienen convenio) con el apoyo del grupo Luksic, eligió a Chile como la sede para instalar una facultad transpacífica en el país, con foco en la investigación y el desarrollo tecnológico[47].

Si sumamos a todo lo anterior el hecho de que China sea el principal socio comercial y acreedor de varios países latinoamericanos, se puede comenzar a ver nítidamente la presencia del dragón y de su relación, muy asimétrica, con los países  que han afianzado lazos con él.

Esta lealtad es delicada y no admite críticas a la política interna del país o el que las naciones tomen ciertas posturas sobre las decisiones del gigante. Un ejemplo es el corte total de las relaciones entre China y Noruega, cuando el Nobel de la paz le fue entregado al disidente Liu Xiaobo. [48]  Para los países latinoamericanos, cuya economía es cada vez más dependiente de las exportaciones hacia China o de sus importaciones desde el gigante (como antes lo fue de Rusia o EEUU), cerrar relaciones diplomáticas no es una opción viable[49].

Según una serie de informes de la Cepal, la creciente relación entre China y la región ha traído una oportunidad para el crecimiento económico en el nuevo escenario internacional. La opinión de este organismo tiende a ser positiva en cuanto al rol de China en la región, puesto a que ésta ha aportado grandes inversiones y ha mejorado su posición internacional. Sin embargo, las balanzas comerciales de casi todos los países latinoamericanos con el gigante son negativas. Para China, los grandes atractivos de la región son materias primas como el cobre, el salitre y productos agrícolas, como la soja brasileña. En retribución, China exporta a América Latina una gran cantidad de productos de alta tecnología, además de participar en distintas licitaciones y tener una gran presencia de empresas en la región. Estas últimas han sido las que más ruido han hecho en la opinión pública, por su llegada exponencial[50] [51].

También hay elementos de diplomacia tradicional. En ese sentido, el caso de Taiwán y su relación con América Central es interesante. El gobierno de Taipei, también conocido como la República de China (ROC en inglés), ha sido diplomáticamente asediado por la República Popular China durante los últimos años. El objetivo del bloque continental es la anexión, reconocida internacionalmente, de territorios disputados desde la guerra civil de mediados el siglo pasado. Debido a esto, China presiona a los países para cerrar sus relaciones con Taiwán y dejar de reconocer la soberanía del país a cambio de generar lazos diplomáticos y comerciales que derivan, además, en inversión. Centroamérica y el Caribe, curiosamente, habían sido por décadas las zonas con más países que reconocían diplomáticamente a Taiwán. Sin embargo, desde mediados de 2017 eso ha cambiado. drásticamente. En agosto de 2018, El Salvador siguió los pasos de Panamá y República Dominicana y decidió dejar de reconocer a Taipei para aliarse con Beijing. Con eso, Taiwán solo quedó con 17 socios formales: seis en el Pacífico, nueve en Centroamérica, uno en África y el Vaticano[52].

Junto a todo lo anterior, América Latina se ha vuelto uno de los puntos considerados para la iniciativa “One Belt One Road” o la nueva Ruta de la Seda, el esfuerzo de China por crear una red comercial (con ellos como centro) conectando distintos puntos de interés. En la región, los puntos de entrada para la ruta son Chile (la puerta al Pacífico) y Panamá (por el canal)[53]. Sin embargo, existe preocupación de que la zona se esté convirtiendo en parte de la red para extender la llamada “trampa de la deuda”, incluso acusando un potencial “neocolonialismo”[54]. El caso más emblemático es la multimillonaria deuda de Venezuela, donde la deuda se estima en US$ 62.000 millones[55].

A esto se le suma una serie de inversiones en infraestructura, que en algunos casos han tenido graves problemas. Tal es el caso de la represa Coca Codo Sinclair, Ecuador, un proyecto que tras dos años de su entrega está tan deteriorado que se ha resquebrajado[56]. La represa es parte de un proyecto que costó cerca de 19.000 millones de dólares en préstamos chinos, que se utilizaron también en «puentes, autopistas, sistemas de irrigación, escuelas, clínicas y media decena de otras represas; préstamos que el gobierno tiene problemas para pagar»[57].

 

2.3 Las advertencias son claras

“la democracia liberal puede verse comprometida si sus valores se olvidan, transan o sacrifican —incluso ingenuamente— en beneficio de las relaciones con la República Popular China.”

¿Hay riesgo para las democracias? Francis Fukuyama, planteó en 2015 que China es uno de los principales elementos de riesgo para las democracias liberales, debido a que ha sabido proveer  algunas de las respuestas y servicios que los estados democráticos han fallado en satisfacer. Por lo tanto, la democracia ha perdido legitimidad frente a los fuertes y crecientes autoritarismos[58]. Creemos que la democracia liberal puede verse comprometida si sus valores se olvidan, transan o sacrifican —incluso ingenuamente— en beneficio de las relaciones con la República Popular China. En América Latina, donde los gobiernos son menos estables, las instituciones menos maduras y sólidas y la cultura democrática no es fuerte, la influencia de China, sin resguardos, crítica y escepticismo, puede significar un elemento de riesgo en el mediano o largo plazo. En nuestro análisis identificamos cuatro elementos a los que los actores de cada país deben observar de manera escéptica.

 

 

  • La creciente dependencia: la concentración de las exportaciones latinoamericanas a China puede generar dependencia, ya que el país puede romper relaciones comerciales de manera arbitraria, o cerrar acuerdos de tipo diplomático o cultural, si no coinciden con las acciones tomadas por un gobierno o por la sociedad civil (ver gráfico 2). Por ejemplo, establecer relaciones diplomáticas con Taiwán es considerado una causal de cierre de relaciones con China.

 

  • La falta de crítica civil o gubernamental: América Latina suele tener una predisposición carente de crítica y cautelas hacia China. El empresariado y la élite política en general (en todos sus niveles y de todas las ideologías), gracias a los acuerdos de libre comercio, los intercambios culturales y las cercanías personales con sus pares chinos, han tendido a mostrar un entusiasmo acrítico por las relaciones entre el régimen y los gobiernos locales. En general, no hay un cuestionamiento desde la región a la forma de gobierno de la dictadura china, aún con la abrumadora evidencia en materia de derechos humanos y los recientes y sofisticados avances tecnológicos que están convirtiendo a China en un laboratorio de autoritarismo digital. No hay una opinión clara sobre la violación de derechos humanos en China o su agresiva política internacional. Chile, de hecho, ha sido históricamente pasivo. Y, como se dijo antes, hay una aparente tendencia popular a preferir a China como aliado por encima de los Estados Unidos, como lo demostró la encuesta realizada por Cadem y publicada el lunes 22 de abril. Allí se expuso que más de la mitad de los ciudadanos tiene esa preferencia[59].

 

  • El encanto ideológico del dragón: China ha destacado por el pragmatismo y la eficiencia de su sistema, capaz de hacer convivir la propaganda comunista con la de Mcdonald’s en una misma cuadra. La experiencia en seguridad, bonanza, desarrollo y avances tecnológicos lo hacen un ejemplo de «modelo exitoso», que podría ser atractivo para otros países, especialmente donde la democracia liberal no tiene suficiente arraigo cultural o donde se siente que esta no está satisfaciendo las demandas de seguridad o de otro tipo. La nación, aunque ha habido aperturas económicas y reales resultados positivos en materia de pobreza en las últimas décadas, sigue siendo un gobierno autoritario con fuertes medidas de represión interna y una postura fuerte al respecto en el escenario internacional. De ahí la frase del presidente Xi Jinping a los 40 años de las reformas de Deng Xiaoping “nadie le puede decir a China qué hacer”. Si se mira de manera pragmática, China ofrece un sistema estable, a cambio de limitar las libertades políticas, civiles, y desconocer los Derechos Humanos.

 

  • Riesgos de seguridad nacional: China se ha convertido en el principal exportador de tecnología de vigilancia en el mundo con usos de control social. También es uno de los principales proveedores de high tech de la región[60]. Esto plantea ciertos riesgos, primero debido a la relación que las empresas chinas, instituciones «privadas» o incluso ciudadanos radicados fuera. tienen con el Estado, que recolecta información a nivel internacional y que ha sido motivo de persecución en algunos países. En países desarrollados, China se ha convertido en un riesgo directo para la seguridad interna.

Fuente: The Observatory of economic complexity, MIT.  https://atlas.media.mit.edu

 

3- Directrices

¿Qué actitud se debe tomar desde  sociedad civil, el empresariado, los medios y la política? Creemos que debe tomarse una postura abierta al intercambio cultural y económico, a entender cómo piensa China, pero siempre crítica y cauta. Es necesario reducir las asimetrías de conocimiento, pues China nos conoce y comprende mucho mejor que nosotros a ellos. Y esto teniendo muy claros los fundamentos y valores de nuestras instituciones democráticas liberales. Sin actitudes paranoicas o incluso xenófobas o agresivas, es posible tener conciencia de los riesgos y activos los dispositivos de alerta ante posibles amenazas indirectas. Además, se puede tomar el ejemplo de otros países que han realizado ya propuestas al respecto, como Australia, Europa, o algunos estados del Sudeste Asiático.

Hay algunos puntos que se deben tener claros. Lo primero es que no todos los elementos, intensiones de acercamiento diplomático o cifras relativas a inversión de China en mejorar sus relaciones diplomáticas pueden ser asumidas como correlaciones directas a “una estrategia de influencia”, sino que debe existir un estudio crítico y coherente. Vale decir, se debe utilizar tanto evidencia práctica como un análisis muy serio y riguroso (incorporando elementos como el discurso chino), para evitar caer en conclusiones falaces.

Dicho esto, se deben analizar muy responsablemente los niveles de dependencia y la penetración de elementos autoritarios en el discurso. Y también las contradicciones: China se presenta como un país que aboga por valores positivos, pero en la práctica tiene conductas muy diferentes. Todos estos elementos morales en el discurso que el dragón chino ha perseguido, especialmente desde comienzos de siglo, tienen que ver con una épica que intenta recuperar. Más allá de los valores socialistas, el país espera alcanzar la grandeza de los periodos dorados del confucianismo, en contraste con los valores occidentales[61].

Pese a lo anterior, es importante acotar que el aporte histórico de la cultura de China es amplio y va desde iniciativas de comercio, ciencia, o tecnología hasta el desarrollo artístico. Desconocer este aporte es deshonesto y contraproducente, más aún hoy en un mundo globalizado. La actitud conveniente es más bien la del «sano escepticismo» y visión crítica ante los discursos del gobierno chino, transmitidos a través de medios digitales, análogos y cultura popular, como la industria del cine.

También se debe tener claro que no existen instituciones independientes en la diplomacia pública o entre personas. China es unos de los países con menor libertad de expresión, mayor desarrollo cultural estratégico y un mayor control de las libertades individuales de sus ciudadanos. Esto incluye, por supuesto, a empresarios, representantes institucionales, profesores y ciudadanos fuera del país, para quienes existen leyes especiales asegurando su «confianza»[62].

 

4- Acciones

  • Se propone, en primer lugar, generar un ecosistema que ayude a concientizar a los actores de cada país y tomadores de decisiones sobre este tema para que haya una revisión en todos los espacios y niveles posibles (empresas, gobiernos, congresos, academia, think tanks, ONG’s etc)
  • Lo segundo es la exigencia de altos estándares de transparencia, integridad y reciprocidad, y más escepticismo y cautela ante la influencia cultural y moral del gigante asiático, que difiere en mucho a los valores de las democracias occidentales y nuestras concepciones sobre los derechos humanos y libertad. Esto implica refuerzos ante cualquier factor que comprometa las instituciones democráticas.
  • La tercera, es la colaboración para difundir esta información, además de formación y de redes sobre estos temas. Las personas deben acercarse a la discusión para formar una idea al respecto y no desentenderse de la situación.
  • Se recomienda a cada actor relevante e influenciador adoptar una actitud crítica, y evaluar acciones independientes. Algunos de estos son:

a) El papel del Estado: los gobiernos tienen ciertas limitaciones para actuar debido a las relaciones diplomáticas y económicas. La perspectiva es una asesoría transversal al momento de tomar decisiones que puedan comprometer la seguridad nacional y de las personas que habitan un territorio.

b)El papel de los medios: los periodistas y actores de medios deben conocer más y ser mucho más incisivos en esta materia. Entendiendo que las experiencias personales de un periodista tienen mucho que ver con su perspectiva sobre cada hecho cubierto, se puede considerar capacitaciones a periodistas especializados en el área internacional.

c) El papel de la academia y la sociedad civil está principalmente en el fomento del pensamiento crítico y de los valores de una sociedad libre. Esto puede ser a través de la educación, difusión y otros proyectos específicos.

 

5- Conclusiones

Los últimos años han sido particularmente intensos en lo que se refiere a intercambio económico, cultural e inversión directa de China en la región. Esto ha significado un sistema de cooperación beneficioso para el crecimiento, especialmente traducido en  la inversión directa del gigante, la participación en licitaciones, exportaciones e importaciones, la llegada de empresas transpacíficas, encuentros e interés político o asistencia financiera. Según la experiencia de China en otras regiones, el país busca aumentar sus lazos culturales y de influencia, lo que se mide, por ejemplo, en el número de personas interesadas en aprender el idioma mandarín o periodistas cubriendo historias relativas al gigante.

En la práctica, dichas relaciones culturales han derivado en una predisposición amistosa —a veces ingenua— desde los países americanos hacia el capital chino, además de la creación de lazos intelectuales. Sin embargo, también significa una creciente dependencia y poca visión crítica hacia las políticas autoritarias chinas y de su coerción sobre estados más débiles. Esto, a largo plazo, puede traducirse en incredulidad y adoctrinamiento, además de una profunda sumisión por el creciente nivel de deudas en las economías emergentes y la preponderancia de inversiones de dicho país.

No se debe subestimar el interés que el régimen tiene en América Latina ni qué tipo de productos se están comerciando, especialmente porque la influencia china, particularmente en países con instituciones menos sólidas, suele tener consecuencias.

“China busca comprar nuestros corazones diciéndonos que es un país seguro y pragmático, que se preocupa por sus aliados y que invierte en ellos… pero a cambio de cierta lealtad y dependencia.”

Chile es un país inmerso en la polémica. Desde la apertura de relaciones con China en 1970, (profundizadas entre finales de los 90 y lo que va del siglo XXI), el gigante ha sido un socio comercial que, lentamente, se ha convertido en el principal aliado en esta materia. Con la exportación de productos al país asiático, la creciente presencia de empresas transpacíficas, el aumento de la inversión, la influencia cultural y el intercambio integral entre ambas naciones, Chile se ve cómodo en profundizar año a año su dependencia y relaciones con el dragón.  Sin embargo, es momento de hacerse una pregunta incómoda. ¿Hasta dónde llega realmente la estrategia China de influencia en el país?

Este debate está creciendo. En su fugaz visita a Santiago, Mike Pompeo, Secretario de Estado de EEUU, dejó un mensaje claro: Chile debe tener sumo cuidado con la influencia de China. Trató a sus inversiones como «peligrosas» y «corrosivas», este último término acuñado por la CIPE para referirse al capital que desestabiliza instituciones[63].

Es cierto que el mensaje Pompeo no es imparcial; llegó justo un día después de la Conferencia Internacional China y América Latina en Santiago y se enmarca en la «guerra comercial» y en el interés chino en sumar a la región a la iniciativa “One belt One Road”. Sin embargo, plantea una verdad incómoda para Chile y América Latina: el creciente interés de China en la región va más allá de la simple asistencia mutua. Es una intrincada estrategia de penetración silenciosa, de sharp power con efectos de largo plazo.

Nos referimos a la estrategia de influencia cultural e ideológica, movida a través de la manipulación de la información y relaciones de poder. China busca comprar nuestros corazones diciéndonos que es un país seguro y pragmático, que se preocupa por sus aliados y que invierte en ellos… pero a cambio de cierta lealtad y dependencia.

 

6- Para saber más

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Bibliografía:

[1] Nye, J, (2004) “Soft power : the means to success in world politics”, ed. Public Affairs, New York.

[2] Nye, J. (2009) “Get Smart: combining Soft and hard Power”, Foreign Affairs. Recopilado el 3 de marzo de 2019, disponible en: https://www.foreignaffairs.com/articles/2009-07-01/get-smart

[3] “Smart power is the combination of the hard power of coercion and payment with the soft power of persuasion and attraction“ En The Future of Power, de Joseph Nye. Hillary Clinton fue una de las figuras políticas que promovió esta estrategia fuertemente en el ámbito internacional. Para ella, el smart power, “abrazaba los principios del pragmatismo”. Pienso ¿Qué país es más pragmático que China?.

Steve Benen, Smart Power, Washington Monthly, recopilado el 2 de marzo de 2019, disponible en https://washingtonmonthly.com/2009/01/13/smart-power/

[4] Lien, Donald & Lo, Melody & Bojanic, David. (2018). Asymmetric Effects of Cultural Institutes on Trade and FDI. The World Economy. 10.1111/twec.12751.

[5] Walker, C. ; Ludwig, J. (2017), “The Meaning of Sharp Power”, Foreign Affairs, Online, Recopilado el 12 de abril de 2019, disponible en: https://www.foreignaffairs.com/articles/china/2017-11-16/meaning-sharp-power?cid=nlc-fa_fatoday-20171221

[6] EMOL, (2019) “Ofensiva en Chile y América Latina: Cómo cambió la diplomacia china tras la apertura económica del gigante asiático”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.emol.com/noticias/Nacional/2019/04/22/945133/Ofensiva-en-Chile-y-America-Latina-Como-cambio-la-diplomacia-china-tras-la-apertura-economica-del-gigante-asiatico.html

[7] Pulso, (2018), “Empresas chinas vuelven a la carga en licitaciones de concesiones del MOP” recopilado el 8 de mayo, disponible en https://www.latercera.com/pulso/noticia/empresas-chinas-vuelven-la-carga-las-licitaciones-las-concesiones-del-mop/326904/

[8] Cadem, (2019), “ESTUDIO Nº 275 – 22 DE ABRIL”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en, “https://www.cadem.cl/encuestas/estudio-no-275-22-de-abril/

[9]  EMOL, (2019), “Piñera respecto a China: “cada uno tiene el gobierno tiene el sistema político que quiera””, recopilado el 30 de abril de 2019, disponible en: https://www.emol.com/noticias/Nacional/2019/04/25/945802/Pinera-respecto-a-China-Cada-uno-tiene-el-sistema-politico-que-quiera.html

[10] Según datos de las Naciones Unidas, Asia concentra el 60% de la población mundial, (4.400 millones de personas, y en los países desarrollados occidentales la población disminuye, por lo que dicho porcentaje crecerá en los próximos 50 años. Naciones Unidas, “Población”, recopilado el 3 de marzo de 2019, disponible en: http://www.un.org/es/sections/issues-depth/population/index.html

[11] Niall Ferguson discute esto en profundidad en los primeros capítulos de su obra “Civilización, Occidente y el resto”, y explica cómo Occidente podría perder su posición dominante en el escenario internacional y ser desplazado por Asia. Ferguson, N. (2011). Civilization: The west and the rest. London: Allen Lane.

[12] Detsche Welle, (2018), Xi Jinping y el “sueño chino”; recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.dw.com/es/xi-jinping-y-el-sue%C3%B1o-chino/a-43691570

[13] Según la consultora Focus Economics, en 2020 China crecerá 6,1% mientras que Estados Unidos verá su crecimiento restringido a alrededor de 1,7% (comparado con 2,5% en 2019). Para fuentes como Bloomberg, China ya es la primera economía Global, aunque su PIB per capita aún es mucho menor al de EEUU. Focus Economics, (2018);The World’s Top 10 Largest Economies”, Ed. Digital. Consultado el 29 de marzo de 2019, disponible en https://www.focus-economics.com/blog/the-largest-economies-in-the-world

[14] Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[15] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[16] Brazil, Russia, India, China and South Africa (BRICS)

[17] Levy, K & Rose C, (2019): Are China and Japan rivals in Latin America? A rivalry perception analysis; The Pacific Review.

[18] Hannig, S. (2018), “¿Nos está comprando China?”, Revista Capital, recopilado el 10 de abril de 2019, disponible en https://www.capital.cl/nos-esta-comprando-china/

[19] Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

[20] Gobierno de China oficial (2007); Hu Jintao calls for enhancing “soft power” of Chinese culture; consultado el 23 de febrero de 2019, disponible http://www.gov.cn/english/2007-10/15/content_776553.htm

[21] Op. Cit.

[22] Giulianotti, R. (2015), “The Beijing 2008 Olympics: Examining the interrelations of China, Globalization and soft power” European review, vol. 21, issue 2 , pp. 286-296

[23] El académico visitó Chile la segunda semana de mayo de 2019, en su exposición magistral determinó que hay tres grandes presiones al orden liberal: la económica, la política y la cultural. Estas han generado descontento en las poblaciones y explican, hasta cierto punto, el ascenso de los iliberalismos.

[24] Minzner, Carl, (2018), “The End of an Era: how China’s authoritarian revival is undermining its rise”, Oxford Press.

[25] Hannig, S. (2019) “Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población”, FPP Chile, disponible en http://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

[26] CELAC-CEPAL, (2018) “Exploring New Forms of Cooperation between China and Latin América”, Naciones Unidas.

[27]  Xiaoping, S. “Historia de las relaciones entre China y Latinoamérica”, en “Las relaciones entre China y América Latina y los enigmas de los lazos históricos”, IRI Universidad Real de la Plata. Pp. 17-45

[28] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[29] KALATHIL, S. (2017) Beyond the Great Firewall: How China Became a Global Information Power, Cima, National Endowment for Democracy, recopilado el 17 de febrero de 2019, disponible en https://www.cima.ned.org/wp-content/uploads/2017/03/CIMA-Beyond-the-Great-Firewall_150ppi-for-web.pdf

[30] David Shambaugh, China Goes Global: The Partial Power. (New York: Oxford University Press, 2013), 5-6.

[31] Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

[32]Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

[33] South China Morning Post, (2018) “Australia’s Huawei 5G ban is a ‘hedge’ against future Chinese aggression, says former prime minister Malcolm Turnbull

[34] El País, (2019) “Europa endurece el tono con una China cada vez más expansiva”, España. Consultado el 1 de abril de 2019, disponible en, https://elpais.com/internacional/2019/03/11/actualidad/1552320055_134208.html

[35] Kai Schulze & Verena Blechinger-Talcott (2019): Introduction special issue: dimensions of Sino–Japanese rivalry in a global context, The Pacific Review,

[36] Lien, Donald & Lo, Melody & Bojanic, David. (2018). Asymmetric Effects of Cultural Institutes on Trade and FDI. The World Economy. 10.1111/twec.12751.

[37] Op. Cit.

[38] Levy, K & Rose C, (2019): Are China and Japan rivals in Latin America? A rivalry perception analysis; The Pacific Review.

[39] Wright, Theresa; Accepting Authoritarianism. State-society relations in China’s reform era; Stanford, Stanford University Press

[40] Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[41] KALATHIL, S. (2017) Beyond the Great Firewall: How China Became a Global Information Power, Cima, National Endowment for Democracy, recopilado el 17 de febrero de 2019, disponible en https://www.cima.ned.org/wp-content/uploads/2017/03/CIMA-Beyond-the-Great-Firewall_150ppi-for-web.pdf

[42] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[43] Universidad Católica de Chile, (2019) “Profesores y exalumnos de Periodismo UC podrán optar a beca para realizar un magíster en prestigiosa universidad china” Consultado el 1 de abril de 2019, disponible en: http://comunicaciones.uc.cl/acuerdo-universidad-tsinghua-beijing/

[44] Yin Li, H. & Wong, S. (2018), “The evolution of Chinese public diplomacy and the rice of think tanks”, Place Branding and Public Diplomacy, vol.14, issue.1

[45] Xiaoping, S. “Historia de las relaciones entre China y Latinoamérica”, en “Las relaciones entre China y América Latina y los enigmas de los lazos históricos”, IRI Universidad Real de la Plata. Pp. 17-45

[46] La, Universidad Católica ha consolidado un fuerte núcleo de desarrollo de influencia, ya que es una de las sedes en Chile para los Institutos Confucios y ha articulando un MBA con la universidad de Tsinghua.

[47] El grupo Luksic, uno de los actores económicos más importantes del país, fue uno de los principales gestores para la instalación de esta universidad. Universidad Católica “El MBA UC celebra la alianza entre el Grupo Luksic y la Universidad de Tsinghua recopilado el 3 de marzo 2019, disponible en ”https://escueladeadministracion.uc.cl/el-mba-uc-celebra-alianza-entre-el-grupo-luksic-y-la-universidad-de-tsinghua/

[48] QZ (2018), “Norway wants China to forget about the human rights thing and eat salmon instead”, Recopilado el 4 de marzo de 2019, disponible en, https://qz.com/1000541/norway-wants-china-to-forget-about-the-human-rights-thing-and-eat-salmon-instead/

[49] Por ejemplo, un tercio de la exportación de Chile va a China, la que se ha convertido en uno de los principales socios comerciales del país.

Economic Complexity Ranking, recopilado el 5 de marzo de 2019, disponible en  https://atlas.media.mit.edu/en/profile/country/chl/

[50] CELAC-CEPAL, (2018) “Exploring New Forms of Cooperation between China and Latin América”, Naciones Unidas.

[51] Hasta 2010, la presencia (principalmente en inversiones) del régimen en la región era más bien modesta, pero en los últimos años se ha intensificado el interés de esta en las economías locales. Un fenómeno que se repite de manera más o menos estándar en todas las economías emergentes que pueden verse beneficiadas de una relación con China.

Ludeña, M. (2017) “Chinese investments in Latin América”, CELAC, United Nations, Santiago.

[52] El País, (2018), “Taiwán se queda sin otro aliado en América Latina: ahora es El Salvador“ recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://elpais.com/internacional/2018/08/21/actualidad/1534828383_860884.html

[53] CIAR, (2019), “El “Belt and Road Initiative” y sus dos puertas de entrada a América Latina”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en http://ciarglobal.com/el-belt-and-road-initiative-y-sus-dos-puertas-de-entrada-a-latinoamerica/

[54] Huileng Tan (2018). “China state media lash out at Pompeo’s advice to Latin America”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.cnbc.com/2018/10/22/china-state-media-lash-out-at-pompeos-advice-to-latin-america.html

[55] Liy, M. (2019). China y Venezuela: una relación basada en la deudaEL PAÍS. Recuperado el 23 Abril 2019, disponible en https://elpais.com/internacional/2019/01/25/actualidad/1548438622_696886.html

[56] NY Times, (2018), “El gobierno ecuatoriano apostó por China para una represa que ahora se resquebraja”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en https://www.nytimes.com/es/2018/12/24/ecuador-china-prestamos-represa/

[57] Op. Cit.

[58] Fukuyama, F. (2015), “Why Is Democracy Performing So Poorly?”. Journal of Democracy. 26. 11-20.

[59] Cadem, (2019), “ESTUDIO Nº 275 – 22 DE ABRIL”, recopilado el 22 de abril de 2019, disponible en, “https://www.cadem.cl/encuestas/estudio-no-275-22-de-abril/

[60] Hannig, S. (2019) “Distopía Digital: Cuatro herramientas que China usa para controlar a su población”, FPP Chile, disponible en http://fppchile.org/es/distopia-digital-cuatro-herramientas-que-china-usa-para-controlar-a-su-poblacion/

[61] Cardenal, J. P. (2018), “El poder incisivo de China en América Latina y el Caso Argentino”, CADAL, Buenos Aires.

[62] Diamond, L & Schell, O, et al. (2018); Chinese influence and American interests; Hoover Institute.

[63] CIPE (2018), “Channeling the Tide: Protecting Democracies Amid a Flood of Corrosive Capital”, Case Studies, The Center for International Enterprise, recopilado el 22 de abril de 2018, disponible en, https://www.cipe.org/wp-content/uploads/2018/09/MXW_CIPE_CorrosiveCapitalPaper_PRINT_20181114.pdf

 

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