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El comodín de los Derechos Humanos

Que el presidente del PC, Guillermo Tellier, ponga en duda la real condición de izquierdista de Gabriel Boric, por instar a su sector a condenar las violaciones a los Derechos Humanos y la represión en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, confirma la evidente, constante y burda manipulación que parte importante de la izquierda chilena hace del tema según sea pertinente hacerlo. Pero hay algo más profundo detrás de aquella artimaña.

Ese ardid no surge por simple cálculo de algunos dirigentes inescrupulosos, sino que responde a las bases ideológicas, en muchos casos totalitarias, desde las cuales gran parte de la izquierda se alimenta y enarbola sus posiciones políticas. No es raro que el diputado comunista Daniel Nuñez considerara totalmente inoportuno el llamado de Boric a reflexionar sobre las opresiones bajo regímenes socialistas o comunistas, porque en el fondo, doctrinariamente, ellos no creen en los Derechos Humanos, aunque los consignen en placas de bronce en el Museo de la Memoria.

La izquierda, en general, no puede hacer la reflexión y mea culpa que pide Gabriel Boric porque sus bases ideológicas no se corresponden con las que dan origen a la doctrina de los DD.HH. Tal como decía el filósofo Leszek Kolakowski, la noción de derechos humanos estuvo desde un principio inseparablemente unida a la idea de libertad negativa, que es una noción eminentemente individual, que la mayoría de las doctrinas socialistas y comunistas rechazan por considerarla un simple lujo burgués. Por eso, hacer la reflexión en cuanto a lo que ha ocurrido con los Derechos Humanos en países donde ha imperado el socialismo conlleva una consecuencia lógica que muchos izquierdistas no pueden aceptar y nunca han aceptado, salvo los sacrílegos: renegar de su ideología.

“las izquierdas de hoy, al igual que las de ayer, no pueden proclamar el respeto universal a los Derechos Humanos porque no creen que todos los individuos los posean, sino que esto depende de quienes son las víctimas de aquellos que ejercen el poder del Estado.”

 

Lo anterior, en parte se explica porque la doctrina que rige al PC, por ejemplo, reduce o concibe al derecho como un elemento que sería mero reflejo de la estructura económica y no como un hecho que incluya alguna instancia valorativa fuera del marco del derecho positivo. Por eso, su apelación a los Derechos Humanos es siempre una cuestión instrumental y no un compromiso ético trascendente y sin contexto. Porque para ellos el derecho es esencialmente un instrumento de poder cuya finalidad depende de quienes lo ejercen y cuáles son sus objetivos. Por lo mismo, las izquierdas de hoy, al igual que las de ayer, no pueden proclamar el respeto universal a los Derechos Humanos porque no creen que todos los individuos los posean, sino que esto depende de quienes son las víctimas de aquellos que ejercen el poder del Estado. Ello explica que su compromiso democrático siga siendo dudoso, aunque traten de mostrar lo contrario, pues siguen atribuyendo a sus concepciones ideológicas una validez única y absoluta. Que mejor ejemplo que el propio diputado Boric que, a propósito de los 25 años de la caída del Muro de Berlín, reivindicó la lucha de clases, lo que no es otra cosa que defender la negación de derechos a quienes se consideran enemigos de la causa socialista. Por eso, la defensa y promoción de los DD.HH de parte de la izquierda chilena sigue siendo oportunista, tal como ocurre frente al caso más inmediato de Venezuela. Porque para ellos, tales derechos no son conquistas irrenunciables, aunque en estos días clamen su universalidad para sacar un ministro del gobierno al que se oponen.

Para la izquierda chilena y latinoamericana, la defensa de los DD.HH depende de quienes ejercen el poder, el monopolio de la fuerza. Ello explica el que no se inmuten cuando, bajo el orden jurídico socialista, diversos derechos son vulnerados de forma brutal, tal como ha ocurrido en regímenes como la RDA o la URSS, y sigue ocurriendo en Cuba. Ahí no importan los derechos humanos porque estos no se comparan con el supuesto mejor porvenir inspirado en su utopía criminal. Eso es lo que cree la izquierda en general. ¿Boric también?

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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