Derecho de propiedad vs. obligación de pagar impuestos

Se ha generado una discusión sobre una carta al director que escribí, donde señalé que el derecho de propiedad prefiere sobre la obligación de pagar impuestos. Ahondaré en el tema para contribuir a su mejor comprensión.

Una de las grandes conquistas del racionalismo y la ilustración del siglo XVIII, que desembocaron en la independencia de EE.UU. (1776) y en la revolución francesa (1789), fue lo que se denominó el gobierno de la razón y de la ley. Esto, en oposición al gobierno de los hombres y de la voluntad del rey. En castellano significa que la ley dice lo que se lee y no lo que opina el soberano.

El Código Civil chileno recoge este concepto al hablar de la interpretación de la ley, señalando que cuando el sentido de una ley es claro no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu.

Esto es una conquista capital para la libertad de las personas. Ellas deben cumplir con la letra de la ley, aunque al soberano se le ocurra que debió haberse cumplido de manera distinta (espíritu) o que la ley quiso decir algo diferente (intención). La ley establece el mínimo obligatorio y con eso se honra el deber para con el Estado. Dada la natural tendencia de los gobernantes a dilapidar la plata ajena (viaje a Cuba), los gobernados les impusieron a los soberanos la obligación de consultarles la aplicación de impuestos. Eso es lo que hoy conocemos como el principio de legalidad. Los impuestos se crean por ley en el Congreso y no existen impuestos por decreto, por analogía, equivalencia económica o que surjan de interpretaciones administrativas. Por supuesto, esto le molesta al soberano, que le encantaría inventar, crear y cobrar impuestos sin preguntarle a nadie.

Ahora bien, desde un punto de vista político, los liberales creemos que nuestro primer deber es para con nuestra persona, familia y cercanos. El fruto de mi trabajo tengo derecho a disfrutarlo como quiera y no como decida un tercero. Así, el criterio de justicia liberal es dar según su capacidad y recibir según su contribución.

Los socialistas en cambio consideran que el primer deber de una persona es para con el Estado, porque es quien representa los intereses de la sociedad. Por eso el criterio de justicia socialista es que las personas deben dar conforme a sus capacidades, pero recibir según sus necesidades. Esas necesidades no las determina cada uno, sino que el Estado. De ahí el fracaso socialista en generar riqueza, porque nadie trabaja hasta el límite de sus capacidades si no puede conservar lo que genera, sino que un tercero: el burócrata o jefe del partido decide lo que le corresponde. Como ese hombre normal no se comporta de la forma que el socialismo cree que debe hacerlo, entonces, hay que generar un hombre nuevo y de ahí vienen todos los procesos de reeducación liderados por Mao, Pol Pot, Ho Chi Minh y demás ídolos de nuestra Presidenta.

La combinación de respetar la letra de la ley con el derecho a conservar lo que cada uno produce, lleva a la conclusión de que cuando hay áreas grises en la ley, estas deben interpretarse siempre a favor del derecho de propiedad y no a favor de pagar impuestos; es decir, a favor de la persona y no del fisco.

 

“tenemos derecho de propiedad sobre lo que genera nuestro trabajo y no tenemos derecho a exigirle al resto que financie nuestras necesidades”

Hay dos razones para esto. La primera es de justicia: tenemos derecho de propiedad sobre lo que genera nuestro trabajo y no tenemos derecho a exigirle al resto que financie nuestras necesidades. La segunda, por conveniencia. Se ha demostrado que las sociedades que respetan derechos de propiedad progresan más, porque precisamente seres libres, que pueden conservar lo que generan, son más productivos que los esclavos que trabajan para otro y solo reciben lo que les da su amo.

El sentido de los impuestos se ha extraviado cuando se monetarizó. En el medievo, los siervos podían elegir si pagar al señor en dinero o con trabajo. Imaginemos que la ley nos permitiera elegir que en vez de pagar en dinero uno va a trabajar el 44,45% de su tiempo para el fisco. Así, lunes, martes y miércoles trabaja para el Estado, y de jueves a sábado, para usted. Qué ocurre si la ley nada dice de los domingos. Ese vacío, el contribuyente debe llenarlo ¿trabajando para el Estado o para él mismo? Sostengo que si la letra de la ley no obliga a trabajar para el fisco el domingo, uno puede descansar o trabajar para sí mismo.

En sociedades libres, si alguien opina distinto, siempre puede pagar más impuestos que los que obliga la ley. Yo no me opongo a que lo hagan; solo me resisto a que me lo exijan a mí, y critico que no lo hagan mientras no lo haga el resto.

 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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