Conservadores, no ofendan

Daniel Mansuy escribió que el derecho a la libre expresión choca con otro derecho: a no sentirse ofendido. A la semana siguiente, a pito de Notre Dame, reclamó por el olvido en el que hemos dejado nuestro pasado. La causa, dijo, era nuestra obsesión por el futuro, el progreso y la autonomía individual.

Rara la cuestión. Después de tantos siglos de señores feudales, monarquías y dictaduras estableciendo qué es lo que podemos hacer, decir o leer, por suerte aparecieron unos obsesivos de la autonomía individual. Más aun ahora que a muchos les está dando con privilegiar el colectivo —la Iglesia— por sobre el individuo —un abusado—. ¿Habrán sido las mujeres o lacayos más conscientes y preocupados de su pasado que hoy? Difícil. No leían, y hasta hace menos de cien años a las mujeres no las dejaban educarse, trabajar o votar. Y todo era manejado desde arriba. Las personas eran quizás más religiosas, o creían en mitos e historias populares, como el Caleuche. Pero, menos mal, alguien empezó a obsesionarse con la autonomía individual.

Las élites eran impenetrables y, en parte por esto, megalómanas. Y hacían catedrales. Quizás eran más preocupadas del pasado, pero ¿nos olvidamos entonces de la autonomía? Miremos los últimos vestigios de identidad forjada y megalomanía desatada que quedan en el mundo. Como China, Corea del Norte y Venezuela, donde todavía se hacen castillos y estatuas de oro en vez de gastar esa plata en líneas de metro o colegios.

“Estaría bueno que los conservadores terminen con su obsesión contra la autonomía individual y contra las personas que no creen en la metafísica de Santo Tomás”

Estaría bueno que los conservadores terminen con su obsesión contra la autonomía individual y contra las personas que no creen en la metafísica de Santo Tomás. Es un gran pensador, a quién todos leían antes, por imposición, pero a quien hoy la historia, o más bien la razón, relegó. Deberían preocuparse más de los que quieren prohibir sus colegios y universidades, no de los inofensivos liberales.

Me ofendió la afirmación de Mansuy. ¿Qué tiene que ver defender la autonomía individual con olvidarse de Notre Dame, Bernardo O’Higgins y el río Maipo? No voy a pedir un castigo a El Mercurio por dejarlo decir esas cosas. Él, y los creyentes, creen que hay que castigar a Canal 13 por andar ofendiéndolos. Las ofensas son subjetivas y lo saben. No vengan ahora, como José Antonio Kast —que «sólo da opiniones como ciudadano» por Twitter— y Baradit —que «fue descontextualizado»—, a hacerse los locos.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: