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Chile, ¿un buen país para ser mujer?

Un reciente estudio mostró que en el país hay una importante inclusión de la mujer a nivel educacional y social junto con bajos niveles de discriminación informal, es decir, a nivel cultural. Sin embargo, se evidencia una fuerte carencia en su incorporación en la política y profundos niveles de violencia e inseguridad.

 

Un reciente índice, elaborado por primera vez por el Instituto de Investigación para la Paz de Oslo y el Georgetown Institute for Women, Peace, and Security, que busca medir el bienestar de la mujer en 153 países, plantea que Islandia es el lugar donde mejor viven las mujeres. Le siguen Noruega, Suiza, Eslovenia y España. El estudio, inédito, busca establecer una serie de parámetros que ayuden a comprender los factores que inciden en el bienestar de las mujeres y la forma en que se pueden mejorar tales elementos.

Ahora bien, frente al auge del movimiento feminista en Chile, el cual se ha caracterizado por un discurso que tiende a dar la imagen de nuestro país como un lugar tremendamente machista y desfavorable para las mujeres y su desarrollo, surge la duda. ¿En qué lugar se encuentra Chile en el estudio?

Antes de hablar de Chile, sería importante considerar los elementos que comparten los países que lideran el ranking y qué aspectos les permiten posicionarse en los primeros lugares. El Women, Peace, and Security Indexevalúa el bienestar de la mujer a través de once indicadores en tres dimensiones: inclusión, justicia y seguridad. La primera categoría se relaciona con cuán integrada está la mujer a nivel político, económico y social; la segunda abarca la legislación de cada país y el nivel de discriminación a nivel informal. Finalmente, la tercera dimensión mide la seguridad a nivel de la sociedad, de la comunidad y de la familia.

La primera conclusión clara es que el ranking es liderado por estados democráticos donde existen procesos electorales libres y competitivos garantizados, junto con el respeto a libertades civiles básicas. Lo anterior implica la existencia de un estado de derecho con separación de poderes e independencia del poder judicial. En segundo lugar, dichos países cuentan con sistemas económicos abiertos, que fomenta el trabajo remunerado, el libre intercambio de bienes y servicios dentro y fuera de las fronteras, lo que genera mayores oportunidades de empleo, desarrollo personal y laboral de los individuos, en especial de las mujeres

En la República Centroafricana, Pakistán, Yemen, Afganistán y Siria, queson los países que comparten las últimas posiciones del índice, no existen las condiciones institucionales básicas para el ejercicio de libertades en diferentes ámbitos. Situaciones políticas inestables, conflictos bélicos, falta de certeza jurídica, arbitrariedad de las autoridades junto con fuertes restricciones a libertades civiles, económicas y políticas, impiden que la población y en particular las mujeres, puedan optar a más y mayores niveles de calidad de vida.

Aterrizando el estudio a Chile, los factores que se destacan se relacionan con la inclusión de la mujer a nivel educacional y social junto con, y esto es lo más interesante, bajos niveles de discriminación informal, es decir, a nivel cultural. Sin embargo, se evidencia una fuerte carencia en la incorporación de la mujer en la política y profundos niveles de violencia e inseguridad. En ese sentido, se aprecia una fuerte contradicción entre los bajos niveles de discriminación informal y los altos niveles de violencia contra la mujer. No obstante, este fenómeno debería analizarse con mayor profundidad considerando que países como Noruega e Islandia, que están en el top del ranking, también presentan niveles de violencia preocupantes en la pareja.

Considerando lo que revela el índice, la situación no es tan oscura como lo suponen ciertos discursos feministas, que se sustentan en un diagnóstico errado que no reconoce el avance que la mujer ha tenido en el mundo occidental en los últimos 50 años, incluso en Chile, que figura en la posición 62 de este ranking. Sin duda nos queda mucho por avanzar en diversas materias y este tipo de estudios permiten tener referencias para analizar la forma en que se avanza o retrocede, comprendiendo, además, que elementos como la violencia presentan complejidades que deben ser abordadas con la profundidad necesaria, ya que se encuentran en países que incluso presentan mayores niveles de igualdad, equidad y riqueza. Ahí está nuestro desafío.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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