Google+ Arica y Evo | Fundación para el Progreso "/> http://fppchile.org/es/feed/rdf/
Dona

Arica y Evo

Arica es diferente al resto de Chile. Las loicas, de pecho colorado y comunes en casi todo el país, son una alpargata en coloridos si las comparamos con el sacatureal, pájaro de un completo rojo intenso —el macho— y que en Chile sólo se lo puede ver en la nortina capital. Las semanas pasadas, incluso, anduvo visitándonos en el humedal de Lluta un grupo de espátulas, pájaro rosado y de apariencia tan exótica que lo único que hace es recordarme que alguna vez vivimos rodeados de dinosaurios. A estos pájaros, así como al matacaballos o al naranjero, no les cantó Neruda, la Mistral ni Juvencio Valle. Eran muy raros.

Así es Anca, un oasis chileno. Al pasear por sus alrededores la semana pasada se sentía, además del clima diferente —la «ciudad de la eterna primavera» la llaman—, un temperamento distinto al de Santiago. Su cercanía con Bolivia hacía que el juicio de la La Haya estuviese mucho más presente en todos los rincones, en todas las
conversaciones. Las emociones eran mucho más intensas, las opiniones más drásticas. «Que les den mar por Reñaca», me decían algunos arriba, en el altiplano. Pero más allá de nacionalismos y buenismos, lo que creo que debería hacer Chile es, al menos, pedirle a Bolivia que parta por habilitar el tren de Arica a La Paz. Chile arregló la parte local, que estaba destruida y ahora está operativa. Había que hacerlo como parte de los tratados firmados. Sin embargo, la parte boliviana, que conecta a Visviri con La Paz, no funciona. Esta falta de conexión hace que uno de los principales corredores entre Bolivia y los puertos de Chile sea la carretera que une Arica con Futre, plagada de curvas y camiones que viajan a velocidades demenciales, adelantándose constantemente y haciendo ver la muerte kilómetro tras kilómetro.

Cuestión relacionada a esto es la idea de hacer de Putre, Belén u otro pueblo altiplánico el «nuevo San Pedro de Atacama». Hay termas, como las de Polloquere, que nada tienen que envidiar a las de Puritama. El salar de Surire es tan alucinante como el de Atacama, además de ser la imagen del billete de 20 lucas, cuestión importantísima. Hay lagunas, rojas, verdes y amarillas, de otro planeta. Hay pueblos como Socoroma, verdes oasis de la llamada Ruta de las Misiones, que permitirían desconexiones tanto mayores de las que ofrece San Pedro. Lo mismo ocurre con la riqueza cultural de nuestros pueblos ancestrales, su sincretismo y, además, con un interesante birdwatching. Pero para todo esto es necesario el tren de nuestros vecinos, que nosotros mejoremos nuestra conectividad y que la Conaf tenga recursos para mejorar su servicio. La bajada a Camiña era más peligrosa que el boliviano Camino de la Muerte —hoy clausurado— y los centros de información estaban cerrados, incluso el del lago Chungará, una de las postales más famosas de Chile quizás.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta noticia:

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *