Amnesia siniestra: OLAS, La Habana, 1967

Los partidos políticos se definen por lo que dicen y hacen, pero también por lo que callan. Ocurre en la izquierda, el centro y la derecha. Pese a esto, no deja de llamar la atención el silencio que guarda la izquierda criolla frente a una fecha clave para ella, y de efectos trágicos para Chile.
 
Se trata del medio siglo de la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), clausurada en agosto de 1967, en La Habana. Como hoy el Foro de Sao Paulo, OLAS articulaba entonces a partidos y movimientos de la izquierda continental en torno a los intereses del castrismo.
 
La Conferencia fue iniciativa del Máximo Líder. Salvador Allende, entonces presidente del Senado, representó a Chile, lo que asombra por el carácter de OLAS. Esta consideraba que la lucha armada era la única vía para tomar el poder, construir el socialismo y lograr la “segunda independencia” del continente.
 
Si bien al encuentro asistieron el Partido Comunista y el Socialista de Chile, años más tarde el MIR devino en el discípulo nacional predilecto de La Habana en materia de vía armada. Según OLAS (faltaban tres años para que Allende entrase a La Moneda), la opresión y la miseria en el continente “determinan y exige que se desate y desarrolle la violencia revolucionaria en respuesta a la violencia reaccionaria”, y “hace de la guerrilla la fundamental expresión de la lucha armada, la escuela más formidable de revolucionarios y su vanguardia indiscutible”.
 
OLAS sostuvo en Cuba que “la lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la Revolución en América Latina”, “que todas las demás formas de lucha deben servir y no retrasar el desarrollo de la linea fundamental que es la lucha armada”, y “que aquellos países en que esta tarea no está planteada de modo inmediato, de todas formas han de considerarla como una perspectiva inevitable en el desarrollo de la lucha revolucionaria en su país”.
“Los partidos políticos se definen por lo que dicen y hacen, pero también por lo que callan.”
 
En rigor, fue una opción descabellada para Chile y otras democracias de la región, que sufrieron los efectos del radicalismo utópico o de guerrillas rurales o urbanas, que a su vez desataron espirales de violencia, desestabilizaron a repúblicas y condujeron a dictaduras. Inaudito que participara en OLAS un senador chileno. Si uno se propone identificar la raíz última de esa izquierda que, obnubilada por modelos inviables, etiquetó de “formal” nuestras democracias de entonces, las despreció y estuvo dispuesta a arrojarla por la borda, la halla en OLAS.
 
Pocas semanas después de la cumbre, murió Ernesto Guevara en su aventura boliviana. Había triunfado con Castro en 1959, pero fracasado en África. Febril hasta su ejecución, el “Che” aspiró a crear varios Vietnam en el continente para proteger al castrismo e imponer el socialismo. En rigor, el apoyo a OLAS de partidos comunistas latinoamericanos, financiados por la Unión Soviética, no duró mucho, puesto que Moscú rechazaba la vía armada, pues era incapaz de mantener una segunda Cuba en el hemisferio e intentaba comerciar con Occidente.
 
Y si bien a comienzos de los setenta Cuba termina plegándose a la Unión Soviética y distanciándose retóricamente de la vía armada, adiestrará durante decenios a guerrillas. De ahí nace parte del doble estándar de la izquierda: creer en “todas” las formas de lucha, aprovechar la democracia representativa aunque la desprecian, y condenar dictaduras pardas pero justificar las rojas. Además, OLAS divide a la izquierda criolla entre el MIR y sectores socialistas (pro Fidel Castro y vía armada), por un lado, y el PC (pro soviético y vía política), por otro, y lleva a los primeros a ver a los otros como reformistas. La división entre quienes propugnaban bajo la Unidad Popular la vía armada y quienes la política, también debilitará a Allende.
 
Si bien la historia no se repite en forma idéntica, la aparición hoy del Frente Amplio a la izquierda de la Nueva Mayoría recuerda en cierta medida el período de OLAS: los sectores ubicados a la izquierda de la UP también eran más radicales e ideológicos, provenían principalmente de la élite social y estudiantil, y consideraban a sus adversarios reformistas y cooptados por el sistema. La izquierda chilena debe reflexionar hoy sobre OLAS, etapa en la cual descalificó a nuestra democracia, se consideró dueña de una verdad revelada, se imaginó moralmente superior a sus adversarios y postuló modelos fracasados. Eso le trajo a Chile polarización extrema, destrucción y mucho dolor.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: