Google+ Alto en control estatal | Fundación para el Progreso "/> http://fppchile.org/es/feed/rdf/
Dona

Alto en control estatal

Los signos “alto en azúcares”, “en sodio”, “en grasas saturadas” o “en calorías” son parte de las nuevas exigencias que la ley impone a la industria alimenticia “para protegernos de nuestra propia ignorancia”. Hace pocas semanas hemos visto productos, que usualmente compramos, con el nuevo etiquetado requerido por el Ministerio de Salud. El proyecto, dicen sus precursores, busca informar a la población. Esta ley es tan absurda como obligar a etiquetar un Barros Luco por ser alto en calorías.

Muchos chilenos toman la decisión de consumir este tipo de productos, ¿y qué? ¿Son los políticos responsables de ser nuestra conciencia? Claro que no. Tampoco debemos permitir que pretendan serlo. La mayoría de los chilenos ya sabemos qué productos son buenos o malos para nuestra salud y no necesitamos este tipo de advertencias. Sin embargo, Guido Girardi, Carlos Kuschel, Mariano Ruiz-Esquide, Evelyn Matthei y Carlos Ominami, creen lo contrario.

Al parecer los iluminados burócratas nos quieren salvar de lo que decidimos comer. A primera vista puede sonar razonable, pero si lo pensamos detenidamente, ¿no es acaso un insulto a la inteligencia de los chilenos? ¿Cuándo pasamos a tener un Estado niñera que cree que debe cumplir el rol de nuestra conciencia? Al prohibirnos consumir productos como el Kinder Sorpresa, e independiente de las intenciones del legislador, la medida pasa a llevar la autonomía de todos los chilenos. El Estado jamás debe protegernos de nosotros mismos, sino de las acciones coactivas de otros. De lo contrario, podría perfectamente decirnos cómo debemos pensar.

Hay programas de televisión que hacen mucho más por informar sobre una buena alimentación que este tipo de regulaciones paternalistas, que siguen una lógica coactiva. Programas como “Súper Alimentos”, que siguen una lógica cooperativa y voluntaria, generan espacios donde explicar los beneficios nutricionales de diferentes alimentos, como el cacao, la quínoa y el cochayuyo. Son las iniciativas de la sociedad civil las que verdaderamente pueden cambiar la cultura alimenticia chilena. Iniciativas que se basan en la persuasión y no en una ley, que es la compulsión y coacción mediante la fuerza pública.

Permitir este tipo de leyes es aceptar cualquier intromisión futura del Estado en otros ámbitos de nuestras vidas privadas. Ejemplos tan absurdos como el chaleco reflectante, la prohibición de los saleros en los restoranes o multas por utilizar aplicaciones de transporte, son el comienzo de un Estado iluminado que cree saber mejor que nosotros cómo debemos manejar nuestras vidas.

Los ciudadanos debemos estar atentos ante este tipo de políticas y ser escépticos del poder que dice ser benevolente. Muchas veces quitarnos la libertad en dosis pequeñas es una estrategia de éste. Por lo mismo, es intolerable que la política se transforme en un alimento con altos grados de control estatal.

.
Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta noticia:

3 repuestas a “Alto en control estatal”

  1. Jaime dijo:

    Estimado Rafa

    Cualquier persona que haya salido a caminar por Santiago notara la gran cantidad de locales de comida rápida que existe en la ciudad, solo en Santiago hay 70 McDonald’s, 33 Burger King, 75 Doggis, un infinidad de carros de zopaipillas, y el plato nacional es el completo. El supermercado está plagado de Cheese pop, Doritos, Bon o Bon, helados, chiquitines y kinders’ sorpresa. En casa atrás quedaron las cazuelas y el charquicán, y bienvenidos son las papa fritas y el kétchup. Naturalmente esto desemboca en que solo un 5% de los chilenos coma saludable, 67% de los adultos tienen sobre peso y lo que es más triste 25% de los niños antes de primero básico tienen obesidad.
    Esto no debería ser una sorpresa; Cuando han visto alguna vez un comercial abogando por el consumo de lechuga? La razón es que comunicar es caro, y la verdad es que el productor de lechuga no le dan las lucas para pagar un comercial justo antes de las noticias mientras que McDonald’s gasta anualmente en todo el mundo 2.5 billones de dólares en publicidad al año. Y es así que llegamos a la paradójica situación en la cual esta empresa es auspiciadora de los juegos Olímpicos. Cuando todo nos indica que tenemos que comer basura, naturalmente terminaremos comiendo basura.
    Las personas, no son tonta pero si son influenciables, y es el trabajo de la publicidad persuadirlas. La Coca-Cola, para las personas que no saben es un gusto adquirido, esto implica que introducido en la dieta por algo, parte de este algo es el enorme gasto publicitario. Bebida de fantasía, llena de felicidad, la publicidad juega con nuestros deseos buscando desencadenar la compra. Mientras más consumamos mejor, en ningún comercial verán advertencia sobre el consumo excesivo de un producto.
    En mi opinión una persona que es incentivada al consumo de alimentos no saludables día y noche, es empujada a la obesidad. Colocar advertencias sobre los contenidos nutricionales de los alimentos no es una falta a la privacidad, es propaganda con un mensaje positivo. Todo el rato nos están diciendo como pensar, sea nuestra familia, el estado, la televisión, el cine, la diferencia es el mensaje. Evaluar la validez del mensaje en función del emisor, es erróneo. 955 personas mueren por cáncer al estómago, 1451 por cirrosis y enfermedades al hígado, 8092 mueren por enfermedades del sistema circulatorio. En un país donde los hospitales están igual de reventados que el transporte público cualquier actor que disminuya esas cifras es bienvenido.

    link de donde saque los datos

    http://web.minsal.cl/enca/
    http://web.minsal.cl/mision-y-vision/
    http://www.statista.com/statistics/286541/mcdonald-s-advertising-spending-worldwide/
    http://facultades.unab.cl/medicina/2014/04/28/cifras-alarmantes-preocupan-a-expertos-chile-es-el-quinto-pais-con-mas-obesidad-en-el-mundo/

  2. Alfredo Raggi dijo:

    Chile de los años 60 y 70, en materias nutricionales luchaba por un propósito absolutamente diferente al actual, contra una pegajosa desnutrición, en especial, la infantil, ello a consecuencias que la población en general no tenía ni los recursos ni las opciones alimentarias para consumir un mínimo de calorías necesarias para acercarse a rangos nutricionales satisfactorios para la salud.

    Esto cambió radicalmente con la llegada de las políticas liberales de los años 80 y 90, en que Chile comenzó a caminar por la vereda de enfrente, es decir, con extensas opciones alimentarias, y muchas de ellas con altos índices de calorías, lo que, juntándose con mayores niveles de ingresos económicos llevó a Chile a ser uno de los países que más calorías consumen dentro de ámbito latinoamericano.

    Si analizamos este hecho y lo juntamos con otros, como lo es con un consumismo “desatado”, como algunos llaman, veremos que esto responde a una lógica humana…si algo se prohíbe, una vez que esa prohibición desaparece, naturalmente propenderemos a consumir de sobre medida aquello que justamente, nos lo prohibían, lo que en un mediano plazo, se ajustará de forma espontánea a una mediana aceptable, la cual emergerá de la propia racionalidad de las personas…repito, de la propia racionalidad de las personas, y no de un estado coercitivo que nos lo imponga, lo cual, está comprobado, el Estado una vez más fracasará, pues no acabará con el “hipercaloricismo”, pues las personas en su intimidad se afanarán en burlar ese estado opresor.

    Creo que el estado tiene cosas más importantes de qué preocuparse y no andar tras cada ciudadano qué y cuánto consume.

  3. Daniel Vial dijo:

    Hay una diferencia sustancial entre prohibir los saleros y colocar etiquetas informativas. En un caso, hay una prohibición y una restricción de libertad por parte del estado. En la otra hay una información que permite al consumidor hacer uso más plenamente de su libertad.
    El día que usted, don Rafael, sea diabético, tenga problemas de colesterol o hipertensión, le interesará mucho saber si los alimentos que está comprando tienen el ingrediente que es malo para estas enfermedades. Si usted se los quiere comer, nadie se lo impedirá y efectivamente será problema suyo, siempre y cuando no use el sistema de salud del estado para tratarse de las consecuencias de su decisión libre.
    No es verdad que el contenido de un alimento procesado industrialmente sea completamente conocido y adecuadamente ponderado en una decisión de compra, muchas veces impulsiva o restringida a lo que hay disponible. La información ayuda incluso a los productores. Creo que hay transgresiones a la libertad que son más relevantes que ésta, si así lo fuere.

    Me parece que el artículo es poco riguroso y caricaturesco al disparar a la bandada contra “Los iluminados” o “El Estado Niñera”. Si usted quiere que lo tomen en serio, debe hacer un análisis más profundo y sobre todo, más original, porque hay artículos bastante mejores sobre el mismo tema.

Agregar un comentario