A felicidades injustas, impuestos dictadores

“Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros” – diría el reconocido escritor, poeta y dramaturgo Oscar Wilde. Sea esta afirmación en serio o en broma, al parecer este criterio de justicia impera en la izquierda chilena, la cual no logra dimensionar las terribles consecuencias que este tipo de ideas podría tener para las mismas personas que ellos dicen querer beneficiar. Últimamente, Beatriz Sánchez ha hecho especial hincapié en enfocar los tributos en los llamados “súper ricos” como la última panacea redistributiva.

Si nos queremos comparar con la OCDE, vemos que en estos países ha disminuido la carga impositiva a las empresas durante el siglo XXI de 32,2% a 24,7% en promedio hasta el 2016, mientras que nuestro país la viene subiendo. Incluso, si nos comparáramos con el resto del mundo, también vamos contra la corriente: el mundo bajó de 27.5% a 23.7% su tasa de impuestos corporativos promedio, y si separamos por continentes los resultados son los mismos.

Lo que olvida la izquierda chilena es que no estamos en una economía cerrada y que los inversionistas, al igual que cualquier persona con sentido común, ponen su plata donde más les convenga. Como diría Milton Friedman, “Nadie gasta el dinero de otra persona tan cuidadosamente como gasta el suyo. Nadie usa los recursos de otra persona con tanto cuidado como utiliza los suyos.” Este deseo individual por ser quién determina el destino de sus propias inversiones, sumado a la libre movilidad de capitales, genera una férrea competencia entre países por quedarse con estas, y para tal propósito buscan disminuir los impuestos que cobran a las empresas. En efecto, según un estudio de Devereux et al (2008), al observar una reducción en la tasa de impuesto corporativo de un 1% en los demás países OCDE, el país en cuestión reacciona bajando su propia tasa en un 0,7% en promedio.

En cambio, en nuestro país estamos tomando el camino opuesto. Con la actual reforma tributaria, hemos espantado a grandes potencias como EEUU, China, Japón o Alemania dejándolos fuera del tratado de doble tributación y auto marginándonos de los beneficios de su innovación. En vez de asumir su error, tanto la Nueva Mayoría como el Frente Amplio planean seguir en esta senda que solo nos ha traído mayores problemas. ¡Y no nos olvidemos de las Pymes! Que, si bien no pertenecen al grupo de los “súper ricos”, se verían perjudicadas con las alzas a los impuestos corporativos en general. Para qué hablar del FUT, y el terrible efecto que tiene desincentivando la inversión.

Pero claro, ahora se le ocurre a la candidata del Frente Amplio “confiar mucho más en el sector empresarial chileno” al tener a la mismísima Mónica Rincón preguntándole en Tolerancia Cero cómo frenará que los inversionistas se lleven sus recursos fuera del país, y cómo los contabilizará una vez que se los hayan llevado. Hoy a Beatriz Sánchez se le hace fácil decir que recaudará entre 4.500 y 6.000 millones de dólares, pero todo pareciera indicar que no considera ningún efecto futuro de sus reformas en materia de inversión y fugas de capitales.

¿Dónde quedaron las supuestas ganas de privilegiar a los más desvalidos?

 

Incluso si asumiéramos que todas esas fugas no ocurrirían, ¿a dónde irían a parar todos estos millones de recaudación extra? La respuesta es siempre la misma: a los burócratas que promueven estas ideas redistributivas. Solamente con la reforma recién implementada ya se han creado de la nada más de 150 mil cargos públicos, duplicando el total de estos, para que luego se repartan el botín entre sus amigos y familiares. ¿Dónde quedaron las supuestas ganas de privilegiar a los más desvalidos?

Todas estas propuestas que apuntan a aumentar nuestra carga impositiva no son más que meros esfuerzos por adueñarse de los frutos de nuestro trabajo, controlar en mayor medida nuestras vidas, y calificar nuestros éxitos y felicidades como injustos. Bob Marley, quien ha sido denominado el Rey del Reggae y un reconocido ícono de la paz y la felicidad en todo el mundo dijo que “hay dos tipos de dictadores: los impuestos y los elegidos, que son los políticos.”. Respecto al segundo tipo podríamos excluir a honrosas excepciones. Pero en cuanto al primero, el jamaicano no podría estar más en lo correcto.

 

 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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